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Capítulo 1206:
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No sentía ningún afecto por Lowe y no tenía ninguna intención de atenderlo directamente.
Lowe consiguió abrir los ojos, captó la mirada de Kimberly y le sonrió débilmente. Cogió el agua que ella le ofrecía y bebió la mitad de un trago, sintiéndose un poco revitalizado.
Kimberly le entregó un pañuelo. A pesar de todo, reconocía que le debía un agradecimiento a Lowe.
—Gracias —dijo Lowe, secándose los labios y dejando la botella a un lado.
La miró con ternura y atención—. Kimberly.
Kimberly levantó la vista brevemente. —¿Qué pasa?
—Nada, solo quería decir tu nombre. Lowe sonrió débilmente, sintiendo una rara sensación de satisfacción por el simple hecho de estar cerca de Kimberly.
Bajó la mirada, llena de sinceridad y afecto. —Kimberly, ¿estás realmente dispuesta a casarte conmigo?
Esa pregunta otra vez.
Kimberly frunció ligeramente el ceño y su voz denotó un ligero tono de irritación. —¿No fui clara en el club? ¿No me oíste?
«¿Y si no estoy dispuesta? ¿Me dejarías marchar, Lowe?».
Al encontrarse con su mirada tranquila e indiferente, el rostro de Lowe se ensombreció. Apretó los puños y, tras un breve silencio, declaró con firmeza: «No. Eso responde a tu pregunta».
Bajo su intensa mirada, Kimberly frunció los labios y apartó la vista.
««Entonces, ¿admites que no estás a mi lado por voluntad propia?».
Una ola de intensa insatisfacción invadió a Lowe, especialmente al recordar la conversación que había escuchado entre Kimberly y Mabel fuera de la habitación del hospital.
Cuando estaba confinado a una silla de ruedas, su estado de ánimo cambiaba constantemente, frustrado por su incapacidad para vivir como sus compañeros sanos.
Kimberly lo había sacado de esos momentos oscuros, salvándole la vida y levantando la maldición que lo había atado.
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Al principio, el escepticismo lo rodeaba, pero Lowe se mostró alegre en apariencia, convenciendo a los demás de que estaba cambiando. Trabajó sin descanso, demostrando su valía, y desde que tomó las riendas del Grupo Vargas, se había esforzado incansablemente.
El camino había sido duro y Lowe lo había recorrido solo. Cada vez que el cansancio lo invadía, pensar en Kimberly alimentaba su determinación de perseverar.
Le impulsaba la necesidad de ser digno de estar a su lado como un igual cuando se reunieran.
Sin embargo, no había previsto que, en su ausencia, otro cautivaría el corazón de Kimberly.
Darse cuenta de ello casi le volvió loco.
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