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Capítulo 1021:
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Con el corazón palpitante, Kimberly corrió hacia la puerta mientras lo intentaba de nuevo. Justo cuando llegaba al umbral, se conectó la línea.
«Kimberly… ¿estás… estás viva todavía?». La voz temblaba de incredulidad.
«Chica tonta, ¿dónde estás? ¡Voy a buscarte!».
Ante el tono preocupado de Kimberly, a Gia se le llenaron los ojos de lágrimas y el corazón se le encogió dolorosamente.
«Estoy en el colegio», susurró con voz ronca, «en la azotea del dormitorio».
«¡No hagas ninguna locura! ¡Espérame! Gia, dijiste que me echabas de menos, ¿verdad? Yo también te echo de menos. Si quieres verme por última vez, quédate exactamente donde estás. ¿Entendido?».
«Sí, entendido».
La chica asintió obedientemente antes de colgar. Sus ojos, hace unos momentos vacíos de desesperación, ahora parpadeaban con una frágil chispa de esperanza y anhelo desesperado.
Kimberly significaba mucho para ella, una prima con la que había crecido.
Fue este vínculo el que obligó a Gia a enviar un último mensaje al antiguo número de Kimberly antes de su salto a la oscuridad. Pero contra todo pronóstico, ¡Kimberly había respondido!
¡Su prima seguía viva!
Para Gia, ningún milagro podría haber sido mayor.
Kimberly bajó las escaleras a toda velocidad, casi chocando con Levi cuando este entraba en la villa. Ambos se quedaron paralizados, momentáneamente sobresaltados.
Levi arqueó una ceja, desconcertado.
—¿A dónde vas tan deprisa? Si vas al hospital, no hay prisa. Acabo de volver de allí…
—¡No es el hospital! —Las palabras de Kimberly salieron a borbotones presa del pánico, con el rostro marcado por el miedo.
—Blaise, es Gia, ¡está a punto de quitarse la vida!
—¿Qué? —La expresión de Levi se transformó al instante mientras le agarraba la muñeca.
—Mantén la calma. ¡Te llevaré hasta ella!
La lluvia susurraba contra las ventanas mientras conducían hacia la Universidad de Javille, las gotas proyectaban sombras cambiantes sobre el cristal. Arriba, el cielo se cernía como un lienzo oscuro, con relámpagos ocasionales que atravesaban las nubes como venas plateadas.
Kimberly presionó su frente contra la fría ventana, su reflejo apareciendo como un fantasma sobre el telón de fondo tormentoso mientras los recuerdos atormentaban sus pensamientos. En su vida anterior, Gia había elegido un final trágico, saltando desde la azotea de la escuela. El peso de ese conocimiento presionaba contra su pecho. ¿Podría repetirse la historia esta noche?
—¿Puedes conducir más rápido? —Su voz se quebró por la urgencia.
—Estoy al límite —respondió Levi, lanzando una mirada preocupada a la aguja del velocímetro que temblaba a 193 kilómetros por hora. Sus nudillos palidecieron en el volante.
—Con este tiempo, ya es peligroso. Si vamos más rápido, corremos el riesgo de no llegar.
Kimberly apretó los ojos y se masajeó las sienes.
—Lo siento. Estaba un poco sensible.
«No te preocupes. Entiendo tu preocupación por tu prima. Llegaremos pronto».
La voz de Levi transmitía la calidez de la comprensión. Después de todo, cada vez que Kimberly se enfrentaba a problemas o dolor, su propio corazón latía con la necesidad de estar a su lado. Sin embargo, incluso él sabía que la preocupación podía nublar el juicio como las nubes de tormenta sobre ellos.
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