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Capítulo 1009:
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Tiburón: un nombre destinado a inspirar miedo, pero la ceja levantada de Chris decía mucho de su desdén.
—Dime, Tiburón, ¿la vida sigue teniendo valor para ti?
La pregunta hizo que un temblor visible recorriera el cuerpo de Shark. Sus ojos se alzaron hacia el rostro de Chris, la incredulidad luchando con una amarga diversión. Una risa áspera surgió de su garganta.
—No te burles de mí. Bajo tu poder, ¿qué oportunidad de vida queda? Tus propios hombres hablaron de cómo dañé a tu amada. No tengo escapatoria.
Al mencionar a su amada, las sombras se reflejaron en el rostro de Chris mientras la imagen de Kimberly invadía sus pensamientos. La idea de ella con otro hombre hizo que sus nudillos palidecieran de rabia silenciosa.
«Estás equivocado». La voz de Chris permaneció mesurada.
«Ella no es mi amada. La vida no siempre es binaria. ¿Estás tan seguro de que no te dejaré ir?».
Chris se irguió hasta alcanzar su altura máxima y continuó con una calma calculada: «La redención sigue siendo una opción. Comparte tus conocimientos y la libertad podría ser tuya».
A Shark se le arrugó el ceño en señal de confusión mientras se esforzaba por ponerse de pie, apoyándose en la cruz. Su respiración entrecortada marcó el pesado silencio entre ellos.
La sospecha nubló la mirada de Shark mientras sopesaba la propuesta de Chris, luchando por reconciliar tal misericordia con la despiadada reputación del hombre. Chris leyó la duda grabada en su rostro y se acomodó en una silla cercana con gracia casual, con las piernas cruzadas.
—La confianza se convierte en tu única tabla de salvación ahora, ¿verdad? Este intento fallido de asesinato te marca como traidor a los ojos de tu organización. Aprovecharán esta excusa para eliminarte. Nadie hará caso a tus protestas de lealtad: solo confían en lo que ven.
El color se desvaneció del rostro de Shark cuando la brutal verdad se hizo evidente. Las palabras de Chris lo atravesaron como una espada de verdad, imposible de negar por mucho que quisiera.
El tiempo se le escapaba entre los dedos; este momento podría ser su última oportunidad de sobrevivir.
La elección estaba clara ante él: la muerte a manos de Chris o la ejecución por parte de la organización Serpent.
El instinto de supervivencia brilló en los ojos de Shark mientras gruñía: «¿Por qué debería confiar en ti?».
Las dificultades de la vida palidecen ante la finalidad de la muerte. La naturaleza humana es profunda; solo cuando se está acorralado se contempla realmente la posibilidad de renunciar a la existencia.
Esto sonaba especialmente cierto para Shark, un asesino de élite que bailaba con la muerte a diario. Aunque preparados para el abrazo de la muerte en cualquier momento, los asesinos luchaban con uñas y dientes en cada misión por una simple razón: el deseo primario de vivir.
La mirada de acero de Chris se clavó en Shark, inquebrantable.
«Te has quedado sin opciones», afirmó, con voz carente de calidez.
Sus palabras, aunque crueles, estaban impregnadas de una verdad innegable.
Shark se quedó mudo ante tanta brutal honestidad.
«Pero tómate esto en serio», continuó Chris, «a diferencia del líder de tu organización, mi palabra es mi compromiso».
Tras un silencio cargado de peso, Shark tomó una decisión. Sus labios se apretaron en una delgada línea antes de hablar.
«¿Qué quieres saber?».
Esta rendición era precisamente lo que Chris esperaba. Su duro comportamiento se suavizó ligeramente cuando preguntó: «¿Quién lidera tu organización?».
Habiendo cruzado el punto de no retorno, Shark no se guardó nada.
«La líder de la Organización Serpiente es Eulalia Braxton. Pero no bajes la guardia: es tan letal como brillante. Hace años, se infiltró en el palacio de Zephyros sin ayuda de nadie y reclamó la cabeza del ex primer ministro, desapareciendo después como un fantasma. Tras años observándola, sus verdaderas capacidades siguen siendo un misterio. Subestímenla porque es una mujer, y compartirán mi destino».
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