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Capítulo 990:
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En ese momento, el entumecimiento desapareció de sus extremidades. Rápida como un rayo, extendió la mano y le agarró por el cuello. Con un tono frío en su voz, dijo: «Estaba ganando tiempo para que se pasara el efecto de la anestesia. ¿Qué estabas esperando, tu propia muerte?».
«Esto… esto no puede estar pasando». Wyatt simplemente no podía entender cómo Elena seguía moviéndose. Después de todo, él mismo había probado el anestésico, una dosis lo suficientemente fuerte como para derribar a un toro enfurecido.
Pero ahora, con la espalda contra la pared, Wyatt ni siquiera podía mover un dedo. Solo su voz seguía libre. «¿Quién demonios eres? Ya deberías estar inconsciente. ¿Cómo es que sigues moviéndote?».
Sin decir palabra, Elena lo agarró por el cuello y lo levantó del suelo.
Desesperado por respirar, Wyatt se puso rojo como un tomate mientras intentaba liberarse de su agarre.
«Te lo preguntaré una vez más. ¿Quién te ha enviado a matarme?». La voz de Elena era gélida, cada palabra afilada como el cristal.
Wyatt agitaba las piernas violentamente, con las pupilas dilatadas y el blanco de los ojos visible, mientras un jadeo ahogado se le escapaba.
Ella aflojó el agarre lo suficiente para que pudiera hablar. «Habla».
Jadeando en busca de aire y medio inconsciente, Wyatt escuchó su orden y se dio cuenta de que estaba atrapado. La idea de traicionar a sus superiores le pasó por la mente, pero sabía lo que pasaría si lo hacía. El castigo haría que la muerte pareciera misericordiosa.
En ese momento, Cyrus entró desde fuera y rompió el pesado silencio, su voz resonando en el momento perfecto. «Wyatt, ¿has terminado aquí?».
Viendo su oportunidad, Wyatt gritó: «¡Cyrus, dispárale ahora!».
Sin perder tiempo, Cyrus sacó su pistola y apretó el gatillo.
Con un movimiento casi imperceptible, Elena se apartó, esquivando la bala que le pasó rozando la cabeza.
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Aprovechando la oportunidad, Wyatt disparó tres tiros seguidos. Juntos, él y Cyrus empujaron a Elena hacia el fondo del estrecho callejón, dejándola acorralada.
«¡Zorra arrogante! ¡Tengo que ponerte en tu sitio ahora mismo o empezarás a creerte invencible!», gruñó Wyatt, con los ojos ardientes de odio, mientras apuntaba a los puntos vitales.
Elena esquivó la lluvia de balas y sacó con destreza su arma de la funda que llevaba atada al muslo. Disparó contra ellos con puntería y precisión.
Cyrus cayó primero, alcanzado de lleno en el pecho, mientras que Wyatt trastabilló hacia atrás, agarrándose el brazo sangrante, y salió corriendo sin mirar atrás.
Elena dejó escapar a Wyatt. Guardó la pistola que Wesley le había dado y se acercó al lugar donde había caído Cyrus. Este luchaba por respirar, con el pecho subiendo de forma irregular, antes de sucumbir finalmente.
Elena se quedó un momento de pie, dejando que las piezas encajaran. Era evidente que alguien había enviado a esos hombres para matarla. Pero, ¿cuál de sus muchos enemigos estaba detrás de todo esto?
Earle fue su primer sospechoso, aunque descartó esa idea casi de inmediato. Earle no enviaría a matones tan incompetentes, nunca malgastaría tiempo ni recursos en hombres destinados al fracaso.
Eso dejaba a otra persona. El nombre de Nola vino a la mente de Elena. Nola tenía acceso a anestésicos militares de alta calidad, demasiado conveniente como para ignorarlo.
Al salir de las sombras del callejón, Elena casi chocó con Wesley, que la había estado buscando.
La mirada de Wesley recorrió a Elena, buscando heridas. Una vez que se aseguró de que estaba ilesa, le preguntó en voz baja: «¿Qué ha pasado aquí?». El eco de los disparos había llegado a sus oídos.
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