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Capítulo 416:
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En otra parte, la fiesta era animada, llena de risas y abundantes bebidas. Elena estaba sentada en el centro, flanqueada por Wesley a un lado y Malcolm al otro.
Malcolm tosió ligeramente y rompió el silencio primero. «Wesley, te has recuperado bien, ¿verdad? Brindemos por eso».
Cogió una copa y la vació rápidamente.
Wesley bajó la mirada hacia su mano mientras frotaba distraídamente su anillo, con expresión inexpresiva.
Malcolm bebió su copa de un trago, y el vaso vacío hizo un sonido seco al golpear la mesa. «Ya he terminado. No hay prisa, Wesley».
Wesley levantó lentamente la vista y señaló los vasos intactos alineados. «¿Ah, sí?».
A Malcolm se le encogió el estómago, pero esbozó una sonrisa y asintió. «Ja, ja, claro».
«Muy bien, entonces». Wesley asintió levemente, cogió un vaso y añadió: «En ese caso, yo también brindaré por ti».
Wesley dio un pequeño sorbo y miró a Malcolm con indiferencia.
La sonrisa de Malcolm se tensó. ¿Por qué Wesley volvía a meterse con él? Aun así, ahora no podía echarse atrás. Solo era una copa más, ¿no? Haciendo una mueca interior, Malcolm cogió otra copa. Su sonrisa forzada comenzó a agrietarse. «Está bien, beberé».
Pero la tortura no terminó ahí. Un vaso tras otro, los brindis parecían interminables.
Malcolm bebió vaso tras vaso, casi hasta vomitar. Cada brindis tenía un motivo diferente: celebrar el trabajo en equipo, aplaudir la dedicación, apreciar la hermandad…
Malcolm sabía muy bien que Wesley estaba haciendo esto deliberadamente.
Después de innumerables rondas, Malcolm sintió que la habitación daba vueltas. Desesperado, le lanzó a Elena una mirada suplicante, rogándole en silencio que interviniera. Si seguía bebiendo, estaría acabado.
Elena captó la señal y dirigió su mirada a Wesley.
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Wesley se recostó en su silla, con las piernas cruzadas casualmente, haciendo girar el vino en su copa. Su expresión seguía siendo indescifrable, relajada pero distante. No se podía detectar ningún indicio de sus pensamientos internos.
La mirada de Elena se detuvo en la línea tensa de su mandíbula, sintiendo inmediatamente la frustración que hervía bajo su apariencia tranquila. Tras una breve pausa, habló con suavidad. «Wesley, ¿qué tal un poco de tarta?».
Aunque parecía una simple sugerencia, la verdadera intención de Elena era recordarle discretamente a Wesley que hoy era el cumpleaños de la hermana de Malcolm, y que no era el momento de agravar las cosas.
Malcolm miró fijamente a Wesley.
Mientras el resto de la sala bullía con alegres conversaciones, este pequeño rincón estaba cargado de una tensión invisible.
A poca distancia, Félix y Larry intercambiaron miradas inquietas, expresando en silencio su preocupación.
Félix murmuró entre dientes: «El Sr. Johnson nunca deja de agitar las cosas. Sabe perfectamente que el Sr. Spencer siente algo por la Srta. Harper, y sin embargo, aquí está, entrometiéndose».
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