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Capítulo 382:
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Con la mampara levantada, la parte delantera del coche parecía estar a un mundo de distancia, creando una atmósfera intensamente privada en el estrecho espacio del asiento trasero. El aire estaba cargado de tensión.
Una mezcla de aromas medicinales y de madera de cedro llenaba el espacio.
Tras una pausa, Elena asintió. Levantó la mano, tratando de quitarle suavemente la mano de la barbilla. La droga le había restado fuerzas, dejándola incapaz de resistirse.
La mano húmeda y delicada de Elena presionó ligeramente contra el pecho de Wesley. El contacto fue suave, no doloroso, pero le provocó una sensación de cosquilleo.
Una sensación eléctrica recorrió la cabeza de Wesley, bajando por sus extremidades e inundando todo su cuerpo.
Wesley mantuvo el rostro impasible, sin mostrar ninguna reacción externa. Sin embargo, las pronunciadas venas de su mano delataban la agitación interior.
Este pequeño contacto agotó aún más a Elena. Entrecerró los ojos, su respiración se aceleró y su cálido aliento rozó la mano de Wesley. Ese calor pareció fluir hacia Wesley, acumulándose en su entrepierna.
Con sus rasgos esculpidos y estoicos, Wesley parecía casi ascético. Sin embargo, bajo ese exterior austero, su autocontrol se estaba debilitando. Se formó un bulto notable contra sus pantalones a medida, cada vez más difícil de ocultar.
Elena seguía sin darse cuenta de su respuesta física. Mantenía los ojos cerrados mientras respiraba profundamente, luchando por reprimir los gemidos que amenazaban con escapar. Se aferraba a los últimos restos de su racionalidad, tratando de mantener la mente despejada. En ese estado de vulnerabilidad, era increíblemente seductora.
Su respiración se aceleró, sus labios se separaron ligeramente para revelar un destello de su lengua. Sus densas pestañas parpadeaban constantemente, su pecho subía y bajaba contra el brazo de Wesley con cada respiración.
Parecía como si acabara de salir del agua: su piel estaba húmeda y desprendía una fragancia sutil y seductora.
La mirada de Wesley era intensa, fija en la ligera abertura de su boca. Su nuez se movía mientras sus ojos se enrojecían ligeramente. Su famoso autocontrol comenzó a flaquear.
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Se acercó más, con su imponente figura cerniéndose sobre ella. Sus labios se movieron lentamente hacia los de ella. Podía sentir el ritmo de su rápida respiración. Este momento reflejaba las visiones con las que a menudo había soñado: un deseo abrumador de besarla, de confirmar la suavidad y dulzura de sus labios tal y como había imaginado. Su deseo se intensificó.
Justo cuando estaba a punto de actuar, Elena abrió los ojos.
Wesley se detuvo y sus miradas se cruzaron.
Con una voz desprovista de su habitual frialdad, Elena habló en voz baja, casi suplicante: «Por favor, pásame el objeto que tengo en la parte baja de la espalda».
Wesley permaneció inmóvil.
Elena no le presionó.
Finalmente, Wesley apartó la mirada y deslizó la mano bajo su ropa.
Su mano era lo suficientemente grande como para rodear fácilmente su esbelta cintura, que parecía tan frágil que podía romperse.
Mientras acariciaba su cintura, notó su suavidad sedosa.
Las cinturas solían ser sensibles, y la de Elena lo parecía especialmente. La sensación del tacto de Wesley le provocó un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Incapaz de reprimirlo, dejó escapar un leve gemido.
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