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Capítulo 335:
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Con evidente desdén, Vince miró a Javier y luego se volvió hacia Samira. «Está creciendo y necesita ser más maduro, o se convertirá en una causa perdida».
«Tienes razón». Samira no discutió, sino que se mostró totalmente de acuerdo.
Javier se quedó sin palabras.
Resultaba que, a los ojos de sus padres, siempre había dado la impresión de ser infantil.
A Samira y Vince no les importaba lo que él pensara.
El tono de Vince se volvió serio mientras continuaba: «Samira, como Elyse no es nuestra hija, no deberíamos interferir demasiado en sus decisiones. Ya has hecho todo lo posible por ayudarla, y eso es suficiente. No te estreses por ello».
Vince era el más sensato de la familia.
Intuía que Elyse tenía motivos ocultos y sospechaba que su afecto por ellos no era del todo sincero.
Desde que Elyse se mudó a su casa, se había convertido en una fuente creciente de discordia.
Javier parecía haber recuperado por fin el sentido común últimamente y ya no era tan susceptible a la influencia de Elyse como antes.
Pero Samira era otra historia.
Vince sabía muy bien lo mucho que ella anhelaba tener una hija.
La cruda realidad seguía siendo la misma: Elyse no era su hija biológica. Samira era la única que se aferraba desesperadamente a este vínculo artificial, mientras que Elyse prefería claramente volver a la casa de Alexander.
Como si confirmara sus pensamientos, Samira soltó un suspiro melancólico. «Ojalá tuviéramos una hija».
Era su mayor pesar: la hija que nunca tuvo.
Ahora observaba con una mezcla de envidia y resignación cómo Alexander disfrutaba de la suerte de haber encontrado a su hija perdida.
En la residencia de Alexander, Elyse se sintió aún más incómoda una vez que Samira se marchó.
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Louis y Elena compartían rasgos similares, e incluso sus posturas al sentarse eran casi idénticas: ambos irradiaban una elegancia serena que parecía natural en ellos.
Elyse se quedó de pie en la sala de estar, jugueteando torpemente con las manos, ignorada mientras el silencio se hacía más pesado.
Al darse cuenta de que no podía obtener ningún apoyo de Louis y con Samira fuera, Elyse comprendió que no tenía sentido quedarse más tiempo. Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras huía, solo para encontrarse con Malcolm y Kiera en la puerta.
Con su cortesía habitual, el mayordomo dio la bienvenida a los hermanos Johnson.
Al entrar en la sala de estar, Malcolm oyó a Louis decir en tono burlón: «Buenos días, Malcolm. ¿Qué te trae por aquí?».
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Malcolm mientras su mirada se posaba con afecto en Kiera. «Kiera quería ver a Elena, así que la traje aquí».
Esa misma mañana, Kiera había pronunciado inesperadamente una frase completa, para gran alegría de la familia Johnson.
Emocionada por su logro, Kiera quería compartir su alegría con Elena, que siempre había sido amable con ella.
Siempre obediente y nunca exigente, Kiera rara vez pedía nada a su familia; esta era su primera petición, y Malcolm accedió sin dudarlo.
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