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Capítulo 302:
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«¡Apuesto todo, medio millón a que Karen cruzará la línea de meta en primer lugar!».
«Yo apuesto un millón a Karen, ¡lo tiene en el bolsillo!».
En medio del fervor creciente, Erin dio un golpe en la mesa con la mano, con los ojos ardientes de determinación. «¡Pues yo apuesto medio millón a mí misma!», proclamó desafiante.
Un murmullo de incredulidad recorrió la multitud. Muchos pensaban que Erin no solo se arriesgaba a perder la carrera, sino también a apostar una fortuna.
Elyse, agotada económicamente por su reciente y extravagante compra de un cuadro para Gerald, vio esto como una oportunidad perfecta para recuperar algunas pérdidas. Sacando los últimos restos de su presupuesto mensual, murmuró: «Apuesto doscientos mil por Karen».
Su apuesta era modesta en comparación con las demás y, mientras la susurraba, un rubor se extendió por sus mejillas.
Ante las miradas divertidas a su alrededor, Elyse no podía evitar la sensación de que sus sonrisas estaban teñidas de desprecio.
Karen era claramente la favorita del público. Mientras que Elena formaba parte de la familia Harper y era muy apreciada por Gerald, Karen era su nieta de sangre, y los lazos familiares siempre tenían más peso.
Además, las habilidades de Karen como piloto eran legendarias: dominaba el campeonato año tras año.
En cuanto a Elena, a nadie se le había pasado por la cabeza que pudiera correr. Si conseguía terminar la carrera sin accidentes, sería poco menos que un milagro.
Justo cuando se cerraron las últimas apuestas, Wesley hizo su aparición. Bajo el nombre de Karen, el tablero de apuestas rebosaba de apuestas entusiastas, pero bajo el de Elena, estaba completamente vacío.
El murmullo eléctrico de la multitud ocultó el sonido de la llegada de Wesley. No fue hasta que una voz clara y firme atravesó el clamor que las cabezas se giraron.
«Cinco millones a que gana Elena».
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¿Quién en su sano juicio sería tan tonto como para apostar por Elena? Eso no era una apuesta, era entregar tu dinero como si fuera caridad.
Se produjo un murmullo de intriga cuando los espectadores estiraron el cuello para ver quién había hecho la declaración. El reconocimiento se reflejó en sus rostros cuando identificaron a Wesley.
Elyse, con el rostro iluminado por la emoción, no pudo contener su sonrisa. «¡Wesley! ¡No esperaba encontrarte aquí!», exclamó, acercándose a él.
Wesley, sin embargo, mantuvo su actitud tranquila, ignorando sus palabras. Repitió con firmeza al corredor de apuestas: «Cinco millones a que gana Elena».
El contable, momentáneamente aturdido por la intensa mirada de Wesley, se apresuró a anotar la apuesta bajo el nombre de Elena.
Al otro lado de la sala, la expresión de Karen se tornó inquieta. La presencia de Wesley era inesperada, incluso desconcertante.
Rara vez se mezclaba en sus círculos. ¿Podría haber descubierto que ella había tomado su coche sin su permiso directo?
Su mente se llenó de pensamientos. Aunque contaba con la aprobación de Gerald, la culpa la carcomía y le resultaba difícil siquiera mirar en dirección a Wesley.
¿Era realmente tan mezquino como para perseguirla hasta aquí por un coche?
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