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Capítulo 30:
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Jolie miró a su marido. Llevar vestidos idénticos no era una opción.
En ese momento, Elena rompió el silencio. «Este vestido no te queda bien».
La expresión de Elyse se tornó resentida, pero rápidamente lo disimuló. «Sé que te gusta. No te preocupes, no te lo quitaré», respondió con un tono deliberadamente cortés.
Aunque a Elena no le gustaba la hipocresía de Elyse, no tenía intención de humillarla.
El agudo sentido de la moda de Elena le permitía ver fácilmente si un atuendo le quedaba bien a alguien. Ese vestido negro, a pesar de su apariencia sencilla, solo favorecía a aquellas con una figura de reloj de arena.
Elyse podía ser guapa, pero medía poco más de metro y medio y tenía una complexión menuda. Luciría normal con un vestido negro que requería cierta presencia.
Elena había heredado la figura curvilínea de su madre y la estatura alta de su familia. Vestir de negro solo resaltaba su aura digna y serena.
Sin embargo, como Elyse insistía en algo que no le quedaba bien, Elena decidió dejar que se lo quedara.
Elena cogió un vestido blanco. «Me pondré este».
Jolie sintió una oleada de emoción, conmovida por la consideración de su hija. Decidió querer aún más a Elena a partir de ese momento.
Elyse bajó la mirada, con un destello de triunfo en los ojos. En su mente, creía que podía quitarle a Elena cualquier cosa que le gustara, cuando quisiera. Ni siquiera le importaba si el vestido le quedaba bien o no. Elena no prestó atención a los pensamientos de Elyse.
El gran banquete se desarrolló según lo previsto en el Hotel Peak, donde se habían reunido todas las personalidades distinguidas de Klathe.
Elyse se aferró al brazo de Jolie, tratando de parecer su hija.
Jolie se preocupó. «¿Alguien ha visto a Elena? Estamos a punto de empezar».
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«No te preocupes. Elena dijo que vendría con Jeffry». A pesar de su tranquilidad, Elyse secretamente esperaba que Elena no apareciera.
Radiante de orgullo, Elyse se pavoneaba con el vestido que le había quitado a Elena, saboreando cada mirada de admiración. Imaginaba que todas las miradas envidiosas estaban fijas en ella, admirando su elegancia y su refinado origen. Lo que Elyse no sabía era que varias personas de la alta sociedad se habían reunido para cuchichear sobre su atuendo.
«¿Por qué lleva Elyse hoy un vestido tan descoordinado?».
«Ese estilo no le queda nada bien. Quien lo haya elegido no tiene sentido de la moda».
«Nunca me había dado cuenta de que tenía tan poca forma…».
Elyse, creyéndose la encarnación de la elegancia, se acercó a su círculo de amigos.
Una de ellas preguntó: «¿Dónde está esa chica del pueblo perdido?».
«¿Le da vergüenza aparecer por su aspecto?». Para ellas, Foiclens era el pueblo perdido.
Al oír el insulto dirigido a Elena, Elyse no hizo ningún esfuerzo por defenderla. De hecho, las engañó intencionadamente. «No tiene educación, por lo que puede que le falte etiqueta. No lo toméis como algo personal».
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