✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1575:
🍙🍙 🍙 🍙 🍙
«Si eso es todo, señor Stanley, puede marcharse».
La expresión de Lucian se ensombreció.
«Estás dejando pasar un trato por el que la mayoría de los hombres matarían».
La mayoría habría aprovechado la oportunidad de quedarse con su fortuna, pero Wesley apenas le prestó atención. ¿Acaso entendía lo que estaba rechazando?
Wesley soltó una risa ahogada mientras negaba con la cabeza.
—No se moleste en volver a sacar el tema. Si mi novia se entera, se enfadará mucho, y si ella no está contenta, yo tampoco lo estoy. Y créame, si estoy de mal humor, nadie tiene un buen día. Así que háganos un favor a los dos, señor Stanley. Déjelo estar.
Para Wesley, el dinero nunca había sido el premio. Ya tenía más que suficiente.
Wesley se negó a ceder, con una postura que irradiaba una certeza inquebrantable. Lucian, sin ganas de prolongar la incómoda conversación, se marchó sin decir nada más.
En cuanto Lucian se marchó, Félix entró en la oficina.
—Sr. Spencer, la Srta. Harper ya se ha ido a la casa de subastas Aureus —informó Félix con urgencia.
La casa de subastas Aureus era una de las empresas de Wesley. En cuanto Elena apareció allí, el informe fue directamente a Félix, quien a su vez se lo transmitió a Wesley.
Wesley se detuvo en seco, con la mano suspendida sobre las páginas que estaba revisando. ¿Qué asunto podía tener ella en la casa de subastas Aureus?
—Dale lo que quiera —dijo Wesley con voz tranquila, sin levantar la vista.
—Entendido —respondió Félix.
Cuando Félix se dio la vuelta para marcharse, algo en la papelera le llamó la atención. Se agachó y recogió la hoja desechada, pero sus cejas se arquearon con sorpresa.
—¿Una transferencia de herencia? ¿El Sr. Stanley tiene la intención de cederle sus propiedades?
No te lo pierdas en ɴσνєʟα𝓼4ƒ𝒶𝓷.𝒸ø𝗺 con contenido nuevo
—Destruye el documento —ordenó Wesley sin la menor vacilación.
Los ojos de Félix se detuvieron en el papel por un breve instante. El valor de la herencia de Lucian era inmenso, pero Wesley lo descartó como si no fuera nada. Claramente, la influencia de Elena superaba a la propia fortuna.
La indignación se apoderó del pecho de Félix. ¿Cómo podía Lucian siquiera pensar en intentar separar a la pareja que él secretamente veneraba? Si Lucian se atrevía a volver más tarde, Félix no dudaría en cerrarle la puerta en las narices.
Sin demora, introdujo el documento en la trituradora y observó cómo los dientes lo convertían en confeti.
En la gran entrada de la casa de subastas Aureus, Lyla estaba de pie con voz impaciente.
—¿Está seguro de que esa mujer insufrible entró?
—Sí, señorita Stanley. La vi entrar con mis propios ojos —confirmó el guardaespaldas.
Un destello venenoso brilló en los ojos de Lyla.
—Esa odiosa Elena hizo que mi padre me castigara. No se saldrá con la suya. Acompáñeme. Sea lo que sea lo que quiera pujar, se lo arrebataremos primero.
—Como desee, señorita Stanley —respondió el guardaespaldas.
Dentro, cuando comenzó el evento, Elena se sentó en la intimidad de una sala del segundo piso. Sin saber que Lyla estaba presente, permaneció en silencio, sin mostrar el más mínimo interés por las antigüedades que se subastaban abajo. No hizo ni una sola puja.
.
.
.