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Capítulo 1505:
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Carola pensó que el dinero funcionaría como siempre, de la misma manera que Lucian compró la ayuda de Elena para su propio caso de amnesia.
«Creo que está confundida, señora Stanley». El tono de Elena era indiferente.
«El dinero no me influye».
Carola insistió, con desesperación en su voz: «Trataste mi amnesia, ¿no? ¿Por qué no puedes tratar a Lyla?».
Elena respondió: «Te ayudé con la amnesia por el bien de Wesley, no por dinero».
Carola se aferró a esa respuesta y suplicó: «¡Entonces, por el bien de Wesley, cure a su hermana!».
Al parecer, había olvidado lo que había provocado la lesión de Lyla en primer lugar. Pero Elena recordaba cada detalle.
Elena replicó: «Sra. Stanley, ¿qué clase de hermana se presenta vestida así solo para lanzarse sobre su propio hermano?».
Por un segundo, Carola se quedó allí, sin palabras. Todos sus pensamientos habían girado en torno a la mano de Lyla. Había olvidado a quién estaba pidiendo ayuda y por qué.
Wesley miró a Carola con frialdad.
«Es tarde. Nos vamos a acostar. Puedes marcharte».
Wesley se levantó y guió suavemente a Elena escaleras arriba, dejando a Carola sola en la sala de estar vacía.
Como Elena no estaba dispuesta a ayudarla, Carola no tuvo más remedio que volver corriendo al hospital para probar otras opciones.
El tiempo se agotaba y la lesión de Lyla no podía esperar. Lucian había enviado a sus hombres a buscar al mejor cirujano ortopédico y traerlo de vuelta esa misma noche.
Debido a todos los retrasos, Lyla sufrió una agonía prolongada solo por una pequeña posibilidad de salvar su mano.
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Toda la ira de Lyla estalló: culpaba de todo a esa maldita Elena.
Lyla se tumbó en la cama del hospital y, entre lágrimas, le contó sus quejas a Carola.
«¡Mamá, Elena es realmente horrible! Se quedó allí sentada mirándome sufrir, sin mover un dedo para ayudarme. ¡Espera que mi mano nunca se cure, y no puedo soportarlo! ¡Tenemos que hacer algo con ella!».
En su interior, su ira se convirtió en algo más oscuro. No solo quería que Elena desapareciera, sino que se arruinara; imaginaba cortándole la bonita cara a Elena, destruyendo su aspecto para que nunca más pudiera tentar a Wesley.
Peor aún, Lyla imaginó reuniendo a un grupo de hombres para violar a Elena, solo para que Wesley se alejara de ella con repugnancia. La idea de romperle los huesos uno por uno a Elena rondaba su mente, convencida de que Elena merecía sentir un dolor insoportable.
Después de los acontecimientos de esa noche, la impresión que Carola tenía de Elena había tocado fondo. La veía como una persona despiadada y cruel. Elena podría haber curado a Lyla, pero se había limitado a quedarse al margen y no hacer nada, haciendo sufrir a Lyla.
Carola decidió en ese mismo momento que Elena no era digna de Wesley.
Al pensar en Elena, el rostro de Carola se endureció con desprecio.
«No tenía ni idea de que pudiera ser tan despiadada».
Lyla apretó la mandíbula.
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