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Capítulo 1484:
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«¿Cuánto quieres?».
Las lágrimas brotaron de los ojos de Yvette mientras se cubría el rostro, humillada. ¿Cómo podía Mattie abofetearla dos veces delante de todos, solo por Elena? Su mente se aceleró con planes de correr a casa y contárselo todo a sus padres.
El tono de Mattie se volvió aún más frío.
«Le pregunté cuánto costaba».
Los nervios hacían que todo el cuerpo de Yvette temblara.
«¿De qué estás hablando?».
«La bolsa», respondió Mattie con tono seco.
«¿Cuánto vale?».
La confusión nubló el rostro de Yvette. ¿Mattie iba a ayudar a Elena a pagar la indemnización por el bolso? ¿De verdad se estaba poniendo del lado de esa mujer?
La mirada de Yvette hacia Elena estaba llena de rencor. Esa seductora no era más que un problema, siempre manipulando a los hombres. En una tarde, había conseguido que Mattie le abriera la cartera. ¿Qué veía él en ella?
Furiosa, pero demasiado asustada para discutir, Yvette murmuró: «Tres millones».
Mattie no lo dudó. Sacó su teléfono y transfirió el dinero directamente a su cuenta.
«Toma. Cógelo y vete a casa».
El sonido de la alerta de la transacción resonó en los oídos de Yvette.
Aprovechando por fin la oportunidad de ridiculizar a Elena, Yvette se negó a rendirse.
«No quiero tu dinero, Mattie. Tu dinero es dinero de la familia. Esta mujer es la que ha estropeado mi bolso. Quiero que ella pague».
Miró a Elena con ira.
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«Dijiste que enviarías a alguien con el dinero. ¿Dónde está?».
Elena finalmente se cansó de la escena y decidió intervenir.
«Ya está aquí, ¿no?».
Yvette miró a su alrededor, desconcertada.
«¿Dónde? ¿Ahora estás jugando? ¡Si no pagas, llamaré a la policía!».
Elena no pudo evitar reírse; la estupidez de Yvette era realmente divertida. El sonido de la risa de Elena solo hizo que Yvette se enfadara aún más.
«¿Qué te hace tanta gracia?».
Elena le dedicó una sonrisa compasiva.
«Me río de lo ciega que estás. La persona está justo delante de ti».
Yvette se enfureció.
—¿De verdad me has llamado ciega? No hay nadie más aquí. Tú…
Un fuerte estallido interrumpió la diatriba de Yvette. Giró la cabeza hacia un lado, con los ojos muy abiertos por la sorpresa y la indignación.
Elena bajó la mano con calma.
«Tú me obligaste a actuar. ¿Satisfecha?».
Tratar con alguien tan estúpido como Yvette no era algo que Elena solía hacer por sí misma. Normalmente dejaba esas tonterías para otros. Pero los repetidos insultos de Yvette habían cruzado una línea, obligando a Elena a intervenir solo para callarla.
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