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Capítulo 1404:
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«Wesley, se me está cansando la mano…», comenzó Lyla con su burla juguetona, pero él dio un paso atrás como si su proximidad le quemara.
La mortificación tiñó las mejillas de Lyla de escarlata, ya que la retirada de Wesley la dejó suspendida en un espacio incómodo, completamente desconcertada.
Sus largas zancadas lo llevaron directamente hacia el refugio de la puerta.
Felix, siempre la encarnación de la cortesía profesional, le dio una explicación con precisión diplomática.
«Señorita Stanley, el señor Spencer se abstiene por completo de consumir dulces».
La galleta temblaba en la palma extendida de Lyla antes de que ella retirara la mano a regañadientes, con la dignidad desmoronándose como hojas de otoño.
Carola palideció hasta quedar fantasmalmente blanca mientras observaba la figura de Wesley alejándose. La desesperación destrozó su compostura y las palabras salieron de sus labios sin control.
«Wesley, ¿de verdad me desprecias?».
La mano de Wesley se congeló en el pomo de la puerta, suspendida entre la huida y el reconocimiento. ¿Despreciaba a Carola? La respuesta se resistía a una definición simple. No albergaba ningún odio personal, pero la manipulación disfrazada de afecto encendía su más profunda repulsión.
La mirada de Wesley cayó como una piedra, y su voz sonó fría y emocionalmente cerrada.
«Está creando complicaciones donde no las hay, señora Stanley. Félix, por favor, acompáñelos a la salida».
Felix se adelantó con elegancia.
—Sra. Stanley, Srta. Stanley, permítanme acompañarlas a la salida.
La actitud glacial de Wesley erigió barreras invisibles que ni siquiera la determinación de Carola podía penetrar o escalar.
Tragándose su abrumadora decepción, Carola se preparó para marcharse. Los ojos de Lyla se detuvieron en los dulces abandonados, con un destello de cálculo detrás de su expresión herida. Las retiradas con las manos vacías nunca formaban parte de su vocabulario. Recogió los dulces rechazados y se los ofreció a Félix con renovada cordialidad.
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«Felix, ya que a Wesley no le gustan los dulces, quizá tú los disfrutes».
Su sonrisa irradiaba una sinceridad ensayada. Si el corazón de Wesley permanecía temporalmente fuera de su alcance, comenzaría su conquista con su círculo más cercano. La cortés negativa de Félix la pilló completamente desprevenida.
«Mi agradecimiento, señorita Stanley, pero los dulces me provocan reacciones alérgicas graves».
Lyla frunció el ceño con irritación. No era más que un asistente, pero se comportaba con una dignidad insufrible. Una vez que ella y Wesley estuvieran unidos, el despido de Félix sería sin duda su máxima prioridad.
Aferrándose a los dulces rechazados, Lyla salió de la oficina y vio la salvación en forma del joven empleado más cercano.
Tina parpadeó sorprendida, con los ojos muy abiertos.
«¿Son para mí?».
Lyla asintió con elegancia, con una sonrisa radiante como el sol de la mañana.
«Todos trabajan sin descanso alrededor de Wesley, así que por favor comparte estos dulces con tus compañeros. Considéralo un pequeño gesto de agradecimiento. Espero que no te parezca presuntuoso».
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