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Capítulo 1307:
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Zoie sonrió de oreja a oreja, encantada con cada palabra de su promesa. Los dos se quedaron allí sentados, completamente absortos en su pequeño y perfecto sueño del futuro.
Los sueños o planes que Theo y Zoie albergaban seguían siendo un completo misterio para Wesley.
Por ahora, su atención se centraba por completo en limar asperezas con su novia.
Tras salir de la finca Spencer, Wesley llevó a Elena a un restaurante exclusivo, uno que había cerrado sus puertas a todos excepto a ellos dos.
Tenían todo el espacio para ellos solos, sin otros comensales, solo privacidad.
Un ambiente tranquilo los envolvía, con suaves notas de piano flotando en la sala con luz tenue, insinuando romanticismo. Sin embargo, la energía en su mesa se sentía tensa, muy lejos de cualquier cosa tierna.
Wesley se inclinó, con sincero arrepentimiento en su voz. —Lo siento, Elena. Si me hubiera dado cuenta de que Zoie y Lawrence estaban en la finca de mi familia, nunca te habría llevado allí. Fue mi error.
Elena asintió secamente. «Sí, fue tu error».
Su franqueza le causó una punzada, una pesadez que se le instaló en el pecho. Odiaba saber que la había vuelto a molestar.
Entonces, con la misma rapidez, su tono cambió, aliviando un poco la tristeza. «Pero yo no he sufrido ninguna pérdida, siempre y cuando a ti no te moleste lo que pasó».
Después de todo, Zoie había recibido una bofetada y una patada.
Wesley se inclinó sobre la mesa y le dio a Elena un apretón tranquilizador en la mano. —Prométeme una cosa: no cambies nunca quién eres, ni por nadie, ni siquiera por mí.
Todos los esfuerzos que había hecho eran por su seguridad y tranquilidad. Una oleada de rabia siempre le invadía cada vez que su familia lanzaba su veneno y dirigía palabras duras a Elena.
Para Wesley, Elena era intocable, su mayor tesoro, alguien a quien no podía soportar ver herida. El arrepentimiento le invadió mientras inclinaba la cabeza y le daba un suave beso en el dorso de la mano.
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Elena, la protagonista de todo aquello, parecía ajena a lo que sucedía a su alrededor. Ni las pullas de Zoie ni los comentarios de Lawrence parecían perturbar su calma.
La gente siempre cotilleaba, y Elena había aprendido hacía mucho tiempo que no tenía sentido perder el sueño por cada juicio que se emitía sobre ella.
Retiró la mano y le levantó la barbilla con un gesto seguro. —Dime, Wesley, ¿eso significa que seguirás todas mis órdenes?
Una pizca de orgullo y desafío juguetón bailaba en sus ojos, y apenas separó los labios al hablar.
Wesley no dudó ni un instante. «Todo lo que digas», respondió.
La mirada de Elena se agudizó. «Si la próxima vez te pido que pares, más te vale escuchar».
Se produjo una pausa entre ellos y Wesley se quedó en silencio, reflexionando. Tragó saliva antes de responder: «Todo menos intimidad». »
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