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Capítulo 1289:
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Fuera lo que fuera lo que se dijo al otro lado, Lydia respondió: «Claro, cenaremos mañana por la noche».
Dejando a un lado el teléfono, Lydia se dirigió al baño, pero la mano de Jeffry le agarró la muñeca antes de que pudiera dar otro paso.
La confusión oscureció sus rasgos mientras luchaba. «Déjame ir, Jeffry. Necesito darme una ducha».
Una pregunta escapó de sus labios, aunque ya sabía la respuesta. «¿Con quién has quedado para cenar mañana por la noche?».
La honestidad parecía más fácil que los juegos. «Con Ethan».
Esa sola palabra golpeó a Jeffry más fuerte de lo que jamás admitiría.
Un silencio incómodo se apoderó de ellos, haciendo que el espacio entre ellos se sintiera mucho más pequeño que antes.
Los esfuerzos por liberarse de su agarre no sirvieron de nada, y Lydia se encontró mirando fijamente sus manos entrelazadas.
Finalmente, Jeffry rompió el silencio, con voz áspera y la mirada llena de agotamiento. «¿Pensaba que ibas a terminar con él?».
Por un momento, Lydia dudó. El recuerdo de cuando fingió que Ethan era su novio pasó por su mente. Sin embargo, la verdad era que ella y Ethan no eran más que compañeros de trabajo.
La explicación estaba en la punta de su lengua, pero Lydia se contuvo.
La incertidumbre sobre sus sentimientos hacia Jeffry la dejó paralizada. La química no era el problema. Encajaban demasiado bien. Pero, ¿merecía la pena repetir sus viejos errores solo por el placer físico? Dejar que Jeffry lo malinterpretara podría ser la salida más sencilla.
Quizás él se marcharía y ella podría evitar tener que tomar la decisión.
Con los labios apretados, Lydia se guardó sus pensamientos para sí misma.
Para Jeffry, su silencio lo decía todo. Ella no quería terminar con Ethan. Después de todo lo que había pasado, todavía no estaba preparada para elegirlo.
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Una ola de amargura invadió a Jeffry mientras bajaba la mirada, con un dolor casi visible en su respiración.
Lydia se preparó, esperando una salida dramática. Alguien tan orgulloso como Jeffry seguramente no se quedaría después de esto. Pero el tiempo pasó y él permaneció donde estaba.
Esto solo aumentó la confusión de Lydia. ¿Qué le impedía irse? ¿Qué estaba planeando ahora?
Finalmente, Jeffry levantó la vista, con determinación en su mirada. «Está bien», dijo, con voz suave pero firme. «Siempre y cuando sea yo en quien pienses cuando estés aquí conmigo».
Lydia abrió la boca, buscando en su rostro cualquier indicio de broma. ¿Cómo podía decir algo así? ¿Se daba cuenta de lo que estaba ofreciendo? ¿De verdad no le molestaba que ella tuviera a otra persona? ¿Qué pasaba por su mente? ¿Esperaba deslizarse en las sombras como su amante secreto?
La idea la dejó sin palabras, con cientos de preguntas dando vueltas en su cabeza mientras luchaba por encontrar las palabras adecuadas.
Lydia sintió la necesidad de llamar a Elena y preguntarle qué le había pasado a Jeffry, pero sabía que sería inútil. Elena no tendría una respuesta de todos modos. Profundamente dormida, Elena era inaccesible esa noche. El insaciable deseo de Wesley la había dejado completamente agotada.
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