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Capítulo 1278:
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No podía entender qué le había llevado a arriesgarlo todo por ella. Necesitaba saber qué pensaba en esos momentos desesperados.
Jeffry se quedó quieto, con las pestañas proyectando una sombra sobre sus ojos, ocultando cualquier tormenta que se estuviera gestando allí. Perderla, incluso solo pensarlo, había destrozado su habitual calma.
Su respuesta fue suave pero firme cuando llegó a los oídos de Lydia. «Si hubieras muerto, habría caído contigo».
Las palabras de Jeffry, audibles solo para Lydia, golpearon sus oídos con una fuerza que hizo que sus pupilas parpadearan. Sus labios se separaron con incredulidad mientras le lanzaba una mirada fría y penetrante. ¿Realmente estaba afirmando que la seguiría hasta la muerte solo para permanecer a su lado? Siempre había pensado que ese tipo de lealtad solo existía en los cuentos de hadas o en las películas melodramáticas.
Sin embargo, allí, en el presente, se enfrentaba a alguien que lo decía con total convicción. El peso de esas palabras sacudió a Lydia tan profundamente que casi perdió la compostura.
Cuando Jeffry levantó la vista, con una expresión firme e inquebrantable, Lydia vislumbró la determinación que ardía detrás de su tranquila mirada. Lo decía en serio. No estaba hablando por impulso. Su promesa de permanecer a su lado, incluso hasta la muerte, era genuina.
Durante un largo momento, Lydia se quedó sin palabras, con el pecho atrapado en una tormenta de emociones que no podía empezar a desentrañar. Intentó hablar. «Tú…». Pero el resto de sus pensamientos permanecieron atrapados en su interior.
Jeffry rompió el silencio con tranquila moderación. «Si me pasa algo, no tengo a nadie más a quien culpar. No me debes nada».
Sin estar preparada para enfrentarse a la confusión que sentía en su interior, Lydia enmascaró su inquietud con fría indiferencia. «Esa es tu elección, no la mía. Tú eres el que decidió perseguirme por el agua. No esperes que me sienta responsable».
Lo que no se dio cuenta era que sus ojos ya la habían traicionado. Jeffry notó el destello de emoción en ellos, y luego su mirada se detuvo en el ligero rubor que coloreaba sus orejas. El alivio se extendió por él, calmando la preocupación que le carcomía el pecho.
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Se inclinó hacia ella, con voz baja y segura. «No te equivocas, Lydia. Yo me lo he buscado. Dejé que mi orgullo se interpusiera y perderte es el precio que tengo que pagar».
Sus palabras fueron suaves, casi tragadas por el silencio que los rodeaba. Su familiar aroma llegó a sus sentidos, mareándola hasta que sus pensamientos se difuminaron en una niebla. Se había enamorado de él a primera vista y, incluso ahora, seguía sin poder resistirse al atractivo de su hermoso rostro.
Bajando la mirada, Lydia intentó apartar con un parpadeo la incertidumbre que nublaba sus ojos. Pero él se acercó aún más, su aliento rozando su mejilla, sus labios a solo un susurro de la punta de su nariz.
Sin querer, Lydia contuvo la respiración. Abrió mucho los ojos y colocó suavemente la mano sobre su hombro para impedir que se acercara más, aunque el contacto fue tan suave que apenas se notó.
Jeffry murmuró: «Lydia, mi vida ahora te pertenece. No me rechaces, ¿de acuerdo?».
Un labio tembloroso la delató, y la batalla que se libraba en su interior se reflejó claramente en su expresión. Su mente gritaba que se alejara, pero su cuerpo se inclinó hacia él, incapaz de resistir la atracción entre ellos.
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