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Capítulo 1276:
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Elena tomó una decisión sin dudarlo. «Volvamos a Klathe».
Malcolm la miró fijamente, claramente desconcertado. «¿Eso es todo? Wesley ha recibido un golpe muy duro esta vez, ¿no vamos a hacerles pagar por ello?».
Esta moderación parecía completamente fuera de lugar en Wesley. Cualquiera que se atreviera a cruzarse en su camino solía enfrentarse a consecuencias rápidas y despiadadas.
La mirada interrogativa de Malcolm se dirigió a Wesley con expectación.
Wesley levantó ligeramente una ceja, pero su expresión siguió siendo exasperantemente neutral. «¿Por qué tanta prisa?».
Malcolm lo comprendió todo de repente, como si saliera el sol: Wesley ya lo había planeado todo.
Mientras su avión ascendía hacia las nubes, una serie de explosiones devastadoras rasgaron repentinamente el aire debajo de ellos.
Enormes detonaciones estallaron tanto en la superficie del mar como en todo el paisaje de Yoswye.
El estruendo penetró incluso en la cabina presurizada, obligando a todos a taparse los oídos con las manos para protegerse del ruido abrumador.
La mirada de Elena se dirigió hacia el origen de la destrucción y luego encontró los ojos de Wesley. Compartieron un momento de perfecta comprensión sin palabras. No hacía falta ninguna explicación: ella reconoció inmediatamente su obra. Las explosiones habían tenido como objetivo sistemático cada pedazo de territorio que Torin había reclamado como suyo.
Una repentina comprensión se cristalizó en la mente de Elena, lo que la llevó a preguntar: «¿Abandonaste el palacio antes de que estallara el caos político específicamente para organizar todo esto?».
Wesley confirmó su sospecha con un simple movimiento de cabeza. Entrelazó sus dedos con los de ella mientras inclinaba la cabeza con sincero arrepentimiento. «Abandonarte para que enfrentaras el peligro sola fue imperdonable por mi parte. Esto no volverá a suceder nunca más».
Cuando regresó y encontró el palacio vacío, el tormento que se apoderó de su pecho casi lo destruyó por dentro. Debería haberse quedado a su lado, independientemente de cualquier otra circunstancia que exigiera su atención.
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Wesley presionó tiernamente sus labios contra los nudillos de ella, sellando su promesa con ese suave beso.
Malcolm observó cómo se desarrollaba ese momento tan emotivo y sintió una punzada de celos en el pecho. El romanticismo flotaba en el aire, tan dulce que casi se podía saborear.
Aun así, como autoproclamado consejero de Wesley en todo lo relacionado con el amor, Malcolm sintió una oleada de orgullo. Ya se había propuesto conseguir un lugar en la mesa principal de la boda de Wesley y Elena.
El jet privado no era precisamente espacioso. En la parte delantera, el piloto estaba a los mandos, con Elena y Wesley sentados en la primera fila. Lydia y Jeffry habían ocupado los asientos de la parte trasera, mientras que Malcolm se sentó solo en el medio.
Las cosas estaban inusualmente tranquilas en la parte trasera del avión.
Jeffry apenas apartaba la mirada de Lydia, con una mirada suave pero inquebrantable, incluso detrás de sus gafas. Esa atención implacable hacía que las mejillas de Lydia ardieran más con cada segundo que pasaba.
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