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Capítulo 1271:
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De vuelta en el barco, Malcolm miró su reloj, con el ceño fruncido por la preocupación. Jeffry llevaba ya más de diez minutos bajo el agua. A pesar de sus años de experiencia como buceador, pasar más de media hora en estas aguas podía dejar a Jeffry con secuelas permanentes.
La frustración hervía dentro de Malcolm. Ni siquiera su temperamento tranquilo pudo evitar que se le escaparan algunas palabrotas. Solo hoy, había logrado superar décadas de moderación.
Abandonando su habitual compostura, Malcolm se quitó las gafas y se zambulló en las olas. Con los pulmones llenos, se sumergió bajo la superficie, alcanzó a Jeffry y lo arrastró de vuelta a un lugar seguro.
Malcolm salió a la superficie y jadeó en busca de aire. Su camisa se le pegaba incómodamente, empapada y asfixiante.
Tan pronto como Jeffry salió a la superficie, rozó a Malcolm, intentando desaparecer bajo las olas una vez más.
La paciencia de Malcolm finalmente se agotó. Agarró a Jeffry por el hombro. «¿Puedes parar un momento, Jeffry? ¡Respira y cálmate, por el amor de Dios!». Malcolm no podía entenderlo. ¿Qué estaba haciendo Jeffry, intentar perseguir a Lydia hasta la muerte?
Jeffry no emitió ningún sonido. Las líneas afiladas de su rostro habían desaparecido, sustituidas por una inquietante inexpresividad. Sus ojos se habían vuelto fríos y vacíos, sin vida. Nada de lo que Malcolm decía parecía llegarle.
Justo cuando Malcolm renunciaba a obtener una respuesta, Jeffry rompió el silencio. Su respuesta fue áspera, baja y escalofriante, con un toque de locura. «Si no hubiera mantenido la calma, no la habría perdido».
Su matrimonio con Evelyn siempre había sido solo una fachada, algo orquestado por el bien de los negocios, pero cada mentira solo alejó más a Lydia hasta que se fue para siempre. El arrepentimiento lo atormentaba. La pregunta de por qué la había dejado escapar se repetía en su mente, implacable y aguda. Ninguna cantidad de compostura podía salvarlo ahora. Si Lydia seguía perdida, se rendiría al tirón del mar y dejaría que las profundidades lo reclamaran también.
Malcolm sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago, y su mano cayó inconscientemente del hombro de Jeffry ante el peso de aquellas palabras.
Jeffry no perdió tiempo y se zambulló una vez más, sin apenas detenerse para respirar. La desesperación lo invadió en frías oleadas. Moviéndose casi como un robot, buscó en las turbias aguas, desesperado por encontrar algún rastro de Lydia.
El agua fría mordía la piel de Jeffry, pero él apenas parecía darse cuenta mientras se sumergía y salía a la superficie una y otra vez, rastreando el azul infinito en busca de cualquier indicio de Lydia.
Tras subir al barco, Malcolm observaba con creciente preocupación cómo Jeffry se lanzaba una y otra vez al mar embravecido, sin cesar en su búsqueda.
Las ráfagas de viento aullaban sobre las olas, golpeando la embarcación hasta que se balanceaba violentamente en medio de la tormenta.
Una sombra cruzó el rostro de Malcolm. Apenas podía reconocer este lado imprudente de Jeffry. ¿Qué fuerza podía llevar a un hombre tan sensato a abandonar toda precaución y arriesgarlo todo, incluso su propia vida?
Malcolm siempre había sabido que Jeffry amaba profundamente a Lydia, pero nunca había imaginado la profundidad de esa devoción. Una inquietante sospecha se apoderó de él: si Lydia no aparecía pronto, Jeffry podría morir allí.
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