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Capítulo 1260:
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Torin apretó la mandíbula, con evidente frustración, y se desabrochó varios botones de la camisa. De repente, se giró y propinó una poderosa patada en el estómago a Pervis. «¡Realmente estás buscando problemas!».
La furia se apoderó de Torin, quien agarró a Pervis por el cuello y lo estrelló con fuerza contra la pared. Un rastro de sangre comenzó a brotar de la cabeza de Pervis, borrando todo rastro de suficiencia de su expresión. Las venas de la frente de Torin palpitaban y sus ojos ardían de rabia mientras gritaba: «¿Dónde está?».
Pervis, con la sangre chorreándole por la cara, abrió un ojo hinchado y respiró con dificultad. Aun así, se mantuvo firme. «Haz que tus hombres se retiren y prepara un helicóptero para mí, o no diré ni una palabra».
A pesar del dolor, una sonrisa astuta se dibujó en los labios de Pervis. La angustia de Torin parecía causarle un placer perverso. Días atrás, Torin le había cortado la oreja y lo había humillado por culpa de esa misma mujer. Ahora que Torin tenía a alguien a quien quería, Pervis estaba decidido a vengarse. Hacerle daño a ella le haría más daño a Torin que cualquier otra cosa. Su plan funcionó.
Apretando los dientes, Torin luchó contra una furia que nunca había conocido. En el momento álgido de su ira, una risa oscura retumbó en su garganta. Sin previo aviso, Torin empujó a Pervis a un lado y le disparó directamente en la pierna izquierda. «¿Dónde está?».
Pervis apretó los labios y negó con la cabeza en un obstinado rechazo. Se oyó un segundo disparo, esta vez en la pierna derecha de Pervis.
«¿Dónde está?», exigió Torin.
El color se desvaneció del rostro de Pervis, pero siguió en silencio.
Sin una pizca de piedad, Torin sacó un cuchillo militar y lo clavó profundamente entre las piernas de Pervis. El dolor contorsionó los rasgos de Pervis, que gritó: «¡Torin, eres un monstruo! ¡Por favor, basta!».
Torin sacó el cuchillo y preguntó: «¿Dónde está?». Repitió la pregunta cada vez que le causaba dolor a Pervis.
Pervis, que antes había sido tan obstinado, ahora temblaba de miedo bajo el peso del dolor. «Ella… está en el Salón Real».
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Con un movimiento rápido de muñeca, Torin arrojó a un lado el cuchillo manchado de sangre, con los ojos más fríos que el hielo. «Más te vale decir la verdad».
Ordenó a sus hombres que vigilaran de cerca a Pervis y luego se apresuró hacia el Salón Real.
El Salón Real se encontraba justo detrás del palacio principal, y sus grandiosas salas estaban reservadas para las ceremonias reales más importantes.
Mientras Torin se apresuraba hacia allí, alguien más ya se había colado dentro.
Wesley, tras haber logrado evadir a los guardias, entró silenciosamente en el Salón Real sin ser visto.
Dentro, Elena se movió y se dio cuenta de que tenía las muñecas fuertemente atadas a la espalda. Unas correas la sujetaban firmemente a una silla, impidiéndole moverse.
Una mirada endurecida se apoderó de su rostro. Supo inmediatamente que la habían drogado.
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