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Capítulo 1247:
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El miedo dibujó profundas arrugas en el rostro de Lance. «¿Es posible extraer la bala?».
«Sí, puedo hacerlo», respondió Elena con voz firme y segura.
Lance exhaló un suspiro tembloroso mientras el alivio lo invadía.
Sin perder un segundo, Elena preparó sus instrumentos y dio instrucciones: «Que salga todo el mundo. Necesito silencio absoluto mientras trabajo».
Los suministros ya estaban preparados antes de su llegada. Tan pronto como salió la última persona, Elena comenzó la delicada operación.
Sus manos no temblaban mientras marcaba el lugar de la incisión. Cada movimiento era preciso: esquivó los nervios, localizó la bala y la extrajo con destreza.
A mitad de la operación, un nuevo chorro de sangre brotó de la herida, lo que hizo que Tinsley palideciera y su ritmo cardíaco cayera en picado.
Paralizado por la preocupación, Lance no podía hacer nada más que quedarse allí, con el pecho oprimido por el miedo, rezando desesperadamente por la vida de su hermana. Si Tinsley salía adelante, él juró no volver a ser imprudente nunca más. El arrepentimiento lo carcomía: había perseguido sus propias ambiciones, dejando que Tinsley cargara con el peso. Si ella sobrevivía, él lo compensaría, sin importar el costo. Todo dependía de las habilidades de Elena.
Una vez extraída la bala, Elena aplicó rápidamente agujas en varios puntos de presión del pecho de Tinsley. Poco a poco, la hemorragia disminuyó, lo que les dio a todos un rayo de esperanza.
Con rapidez, Elena cosió la herida, la vendó con gasas limpias y luego retiró cada aguja una por una. Cada paso del procedimiento demostró su habilidad: trabajó con confianza, concentración y sin mostrar ni una pizca de incertidumbre.
Solo después de que la última aguja abandonara la piel de Tinsley, Lance recuperó la voz. «¿Mi hermana se pondrá bien?».
Tumbada en la cama, Tinsley seguía pálida como un fantasma, con los labios descoloridos. La preocupación atenazaba a Lance mientras se quedaba cerca, deseando acercarse a ella, pero conteniéndose. Al final, su mirada se dirigió hacia Elena, pidiendo instrucciones en silencio.
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Elena se dio la vuelta, garabateó una receta y se la entregó. «Pide a alguien que vaya a comprarla. Cuando recupere el conocimiento, asegúrate de que se toma todas las dosis».
Él asintió rápidamente. «Entendido». La preocupación persistía, lo que le llevó a preguntar: «El, ¿mi hermana se pondrá bien?».
Una suave certeza llenó la voz de Elena. «Ahora está fuera de peligro. Solo necesita la medicina y mucho descanso».
Lance sintió un gran alivio y se relajó. —Gracias, El. Te debo una grande.
Una mirada de reojo de Elena dejó claras sus intenciones. —¿Desde cuándo hablas tanto? Concéntrate en su recuperación.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Lance al darse cuenta de que quizá había exagerado con su gratitud. Se dispuso a acompañar a Elena fuera de la habitación.
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