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Capítulo 1000:
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Una mirada melancólica se dibujó en el rostro de Lucinda antes de que finalmente rompiera el silencio. «¿Le has dicho algo malo sobre mí a Ellis?».
Durante semanas, esa pregunta había rondado silenciosamente la mente de Lucinda, pero la vergüenza siempre le había impedido sacarla a colación. No soportaba a Elena y había hecho todo lo posible por ponerle las cosas difíciles. Si Elena se enteraba de que le gustaba Ellis, estaba segura de que se burlaría de ella.
Buscar respuestas en Elena era lo último que Lucinda quería hacer. Odiaba la idea de darle a Elena la oportunidad de ridiculizarla. Sin embargo, hoy se había visto obligada a hacerlo. Después de ver a Ellis, alguien que normalmente evitaba las reuniones sociales, rechazar su invitación y pasar tiempo con Elena, no podía seguir callada. Le sorprendió lo unidos que estaban los dos hermanos.
La envidia se apoderó del pecho de Lucinda. Elena debía de haberle dicho algo a Ellis para que la rechazara. No había duda. Con este pensamiento, sus ojos ardían de resentimiento mientras miraba a Elena con ira.
Por un instante, Elena pareció genuinamente confundida. Entonces se dio cuenta: Lucinda sentía algo por Ellis.
Claro, Lucinda podía ser autoritaria, pero Elena nunca se había molestado en perder el tiempo hablando de ella con Ellis.
Sinceramente, Elena dudaba que Ellis recordara siquiera el nombre de Lucinda la mayoría de los días.
El tenso silencio se hizo más pesado y la impaciencia de Lucinda estalló. —Solo dime, ¿qué le dijiste?
Elena arqueó una ceja y respondió con otra pregunta. —¿Por qué no me dices tú lo que supones que le dije?
Una chispa de inquietud brilló en los ojos de Lucinda, abrió la boca, pero no le salieron las palabras. No había posibilidad de que fuera algo bueno.
El rostro de Lucinda se sonrojó por la vergüenza. La frustración pudo más que ella y se dio la vuelta y se alejó.
Desde detrás, alguien la llamó: «Lucinda, ¿de qué estáis hablando?».
Nola, recién galardonada, hablaba con mucha más confianza que antes. Sin perder el ritmo, Nola se volvió hacia Wesley. «Hola, Wesley. Mi clínica está en la primera planta del instituto. ¿En qué planta trabajas? »
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Sin siquiera mirarla, Wesley mantuvo la vista baja, dejando claro que no tenía intención de reconocer a Nola delante de todos.
Una sombra se dibujó en el rostro de Nola, pero rápidamente la ocultó, recuperando su fachada de indiferencia. La amargura invadió su corazón. Por mucho que lo intentara, la mirada de Wesley siempre se desviaba hacia Elena, no hacia ella. Su resentimiento hacia Elena hervía bajo la superficie.
Cuando Wesley siguió ignorándola, Nola se volvió hacia Elena. «Señorita Harper, soy la nueva oficial médica del instituto. Ahora trabajaremos codo con codo, así que espero que pueda dejar atrás cualquier malentendido entre nosotras», anunció, lo suficientemente alto como para que todos la oyeran.
El mensaje detrás de las palabras cuidadosamente elegidas por Nola era inequívoco: ella quería seguir adelante, pero era Elena la que guardaba rencor.
Nola preparó el escenario ante la multitud e intentó dar forma a la historia para que cualquier problema futuro entre ellas recayera directamente sobre los hombros de Elena.
Lucinda, siempre rápida en sacar conclusiones, asumió que Elena tenía la intención de ponerle las cosas difíciles a Nola. Se enfureció y espetó: «¡Elena, eres demasiado! Nola asume el puesto de oficial médico por el bien de todos, ¡y tú no muestras ni una pizca de agradecimiento!».
El hielo se apoderó de la expresión de Elena. Ella no había buscado el conflicto, pero Nola había agitado las cosas. Sonrió con sorna. Quizás Nola había empezado a creer sus propias mentiras repetidas, lo que podría haber contribuido a su actitud moralista. La respuesta de Elena fue fría y tajante. «¿Ah, sí? ¿Cómo puedes estar tan segura de la verdadera intención de Nola al convertirse en oficial médico?».
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