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Capítulo 870:
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Los periodistas, ahora sin palabras, se quedaron atónitos. ¿A quién se estaba desafiando exactamente?
El coche avanzaba a toda velocidad, con el paisaje pasando rápidamente por la ventana.
Con Glenn al volante, Ellie se sentó en el asiento del copiloto, con la mente en un torbellino mientras trataba de ordenar sus emociones. No podía negar la calidez que le invadió el corazón al verlo. Por primera vez, sintió verdaderamente el cariño y la fuerza de su familia a su alrededor.
Al mirar de reojo a Glenn, notó rastros del fervor de su reciente confrontación. Estaba claro que su intensidad aún no había desaparecido por completo.
Al sentir su mirada sobre él, Glenn se dio cuenta de repente de que su comportamiento anterior había sido demasiado duro.
Se reprendió a sí mismo internamente, maldiciendo en silencio las duras palabras que había lanzado a los periodistas. Intentando suavizar las cosas, se volvió hacia Ellie con una sonrisa avergonzada. «Ellie, me he dejado llevar un poco antes. Ese no soy yo realmente. Normalmente soy tranquilo y afable». Sonrió ampliamente, un poco receloso, y preguntó: «No te habré asustado, ¿verdad?».
«En absoluto», respondió Ellie, negando con la cabeza. «Gracias, hermano».
Al oír sus palabras, Glenn pisó el freno bruscamente. Se volvió para mirarla, con una mezcla de sorpresa y alegría en el rostro.
El Maybach se detuvo con un chirrido en medio de la carretera. Por suerte, las calles estaban tranquilas y no había peligro inmediato.
Empujada hacia delante por la parada repentina, a Ellie se le aceleró el corazón, pero el cinturón de seguridad la mantuvo a salvo. Cruzó la mirada con Glenn, con los ojos muy abiertos por la alarma.
«¿Cómo me has llamado?», preguntó Glenn con voz teñida de asombro.
Al darse cuenta del peso de su confesión, una sonrisa se dibujó en el rostro de Ellie. Esta vez, en voz más alta, afirmó: «¡Ahora te veo como a mi hermano!». Los ojos de Glenn se llenaron de emoción al mirarla.
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Se giró bruscamente para volver a arrancar el coche. «Ellie, ¿seguro que estás bien?».
«Sí, estoy bien».
Tras la sacudida que acababan de sufrir, Glenn centró toda su atención en la carretera. Su preocupación por el bienestar de Ellie le llevó a conducir con precaución. Las comisuras de la boca de Glenn, normalmente solemne, se curvaron ligeramente hacia arriba en una leve sonrisa.
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