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Capítulo 850:
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Las acciones de Carole eran un enigma. Su decisión de no desviarse y bloquear a Baylee parecía cargada de intención. Sin embargo, su acto final salvó sin lugar a dudas a Ellie. Abrumada, Ellie ocultó su rostro tras las manos.
Los verdaderos motivos de Carole, que solo ella conocía, estaban envueltos en secreto. Pero Ellie sabía bien que Carole utilizaría su valiente acto para obtener ventaja. «Valora tu vida, señorita. Es lo único que es verdaderamente tuyo».
Al entrar Kaiden, oyó a la enfermera reprender suavemente a Carole. Carole, bajo la influencia persistente de la anestesia, estaba en medio de una rabieta. Sin embargo, la visión de Kaiden fue como un bálsamo que le proporcionó una paz repentina.
«Kaiden…», las palabras de Carole se apagaron mientras las lágrimas corrían por su rostro. Sufría fracturas óseas y quemaduras en la piel debido al cruel beso de la explosión del coche.
«Coopera con el médico», instó Kaiden, con palabras que sonaban como una orden en el ambiente cargado. «¿Cómo está Ellie?», preguntó Carole con fingida preocupación. «Cuando salí de los restos del accidente, la vi escapar del coche. No sabía que la vida que estaba salvando era la de tu esposa».
Sus palabras apuntaban a los puntos débiles de Kaiden como dagas.
«Está bien», respondió Kaiden.
«¡Qué bien!». Una sonrisa se extendió por el rostro de Carole al oír sus palabras, liberando la tensión. Sin que ella lo viera, los ojos de Kaiden albergaban una tormenta de preguntas.
«¿Así que no tenías ni idea de quién estaba en el accidente? ¿Qué te llevó a arriesgar tu seguridad?». Su sospecha permanecía velada.
«Quería hacer algo bueno en medio del caos. Sabía que había cometido errores en el pasado con la señorita Curtis y Ellie. Bueno, nunca pensé que hoy sería yo quien rescatara a Ellie».
El silencio fue la única respuesta de Kaiden. Su explicación parecía irrefutable, más allá de cualquier reproche. La fragilidad impregnaba las siguientes palabras de Carole. «Kaiden, ¿mis manos están ilesas? ¿Mis piernas están intactas? Dime, ¿tengo la cara desfigurada?».
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Aunque Carole parecía digna de lástima, era muy consciente de que su belleza seguía intacta. Había protegido su cara en primer lugar en medio de la calamidad.
«Señorita, su cuerpo está intacto y su belleza intacta», le aseguró la enfermera. «El descanso será su mejor medicina. Las quemaduras se curarán con el tiempo».
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