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Capítulo 566:
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Bajo las luces parpadeantes de la discoteca, sus ojos seguían lúcidos y brillantes, sin mostrar signos de embriaguez.
Ellie se acercó más y le repitió su advertencia directamente al oído. —¡He dicho que bebas menos!
Su interacción en voz baja provocó risas divertidas entre los espectadores, preparando el escenario para una tercera ronda de brindis de celebración.
«Sr. Howell, creo que ya ha bebido suficiente», intervino Ellie, extendiendo la mano para impedir que Jerome le sirviera otra copa.
«No te preocupes, Ellie. Kaiden es bastante hábil con la bebida. ¡Nunca le he visto borracho!».
Sin embargo, la formidable tolerancia de Kaiden estaba siendo puesta a prueba como nunca antes, ya que, en esencia, estaba bebiendo por dos.
«¡Entonces lo tomaré yo!», dijo Ellie, decidida a quitarle algo de carga. Extendió la mano para coger una copa, pero la mano de Kaiden intervino rápidamente, presionando suavemente la de ella. El calor de su palma era notablemente más alto de lo habitual, lo que indicaba su esfuerzo.
«Ellie, ¿estás segura de que quieres beber?», preguntó Kaiden.
Las anteriores escapadas alcohólicas de Ellie, aunque encantadoramente problemáticas, pasaron por su mente. Teniendo en cuenta que Kaiden ya había consumido una cantidad considerable, su capacidad para manejar a otra alma ebria era cuestionable.
Inmediatamente recordó su comportamiento imprudente la última vez que se había emborrachado sin querer. Tras un momento de vacilación, retiró la mano, con la determinación vacilante.
«¿Estás seguro de que puedes con más?».
—¿Estamos cuestionando mis límites?
La voz de Kaiden tenía un tono juguetón mientras se acercaba a ella, y su aliento le hacía cosquillas en la oreja.
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—Si la señora Thorpe necesita que se lo recuerden, me aseguraré de refrescarle la memoria cuando lleguemos a casa —bromeó, con un toque de picardía en su tono.
Ellie se dio cuenta inmediatamente de su error. Desafiar la capacidad de beber de un hombre no era muy sensato.
—¡Levy por fin ha vuelto! ¿De verdad ha tardado una eternidad esa llamada? —Jerome vio a Levy regresar con la camisa manchada de vino—. ¿Qué le ha pasado a su camisa?
—¡Ellie! —Levy la saludó primero y explicó—: He tenido un pequeño accidente. Una señora me ha tirado vino encima.
—¡Levy! —le reprendió su novia—.
Menudo «accidente». ¡Más bien parecía un coqueteo deliberado!
Levy esbozó una sonrisa cortés, pero decidió no entrar en detalles sobre el incidente.
Unos instantes después, un camarero se acercó con un paquete.
«Sr. Sanders, una señora le envía esto como disculpa por las molestias causadas anteriormente».
La novia de Levy, una mujer de la alta sociedad cuya reputación la precedía, miró la prenda con desdén. «¿Esta mediocridad pretende reparar el daño? ¡Deshazte de ella!». Su orden se vio interrumpida cuando Levy, anteponiendo la practicidad al orgullo, aceptó la camisa y se dirigió al baño para cambiarse.
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