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Capítulo 530:
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«De acuerdo». Ellie asintió. ¿Le preocupaba que ella pudiera dudar de él, por lo que decidió que visitarían juntos al paciente como forma de dar fe de sus palabras?
Al mencionar la prueba de embarazo, Kaiden miró involuntariamente el vientre plano de Ellie.
Ellie captó su mirada y su cuerpo se tensó brevemente, un movimiento demasiado rápido para que él lo percibiera.
Él insistió en no usar condón cuando tuvieron relaciones íntimas la noche anterior. Sin embargo, ella había tomado medicamentos después.
«¿Quieres comer las gachas ahora?», Kaiden le volvió a ofrecer las gachas a Ellie.
Ellie negó con la cabeza y dijo: «No me gusta la avena con tiras de pollo y champiñones».
Sabía que la tienda ya no ofrecía esa avena, por lo que intentó ponerle una trampa a Kaiden con la esperanza de que dejara de molestarla.
Para su sorpresa, él regresó rápidamente con la avena.
Kaiden había discernido sus motivos iniciales. Sin embargo, esta maniobra juguetona no logró provocar la ira de Kaiden. Le dio un ligero golpecito en la frente y le preguntó: «¿Qué prefieres comer entonces?».
«Kaiden, no me has pedido perdón». Ellie guardó silencio brevemente. «Tienes que decir: «Lo siento»».
Kaiden soltó una risa fría y significativa. «Realmente sabes cómo sacar partido de la situación».
Ellie insistió: «Para que se considere una disculpa, debes decir «lo siento»».
Kaiden emitió un sonido de desaprobación, indicando su renuencia.
Ellie frunció el ceño y sus ojos revelaron un atisbo de resentimiento y acusación. «Ayer me hiciste daño y me engañaste».
«Lo siento».
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Esas dos palabras transmitían renuencia y concesión, junto con una sutil pero genuina inquietud.
Los labios de Ellie esbozaron una sonrisa de satisfacción.
Kaiden volvió a salir a comprar la cena para Ellie. Ellie, inquieta, se dirigió a la entrada de la sala.
Al poco tiempo, un hombre apuesto y elegante en silla de ruedas se acercó a ella.
En lugar de la bata del hospital, llevaba una camisa holgada de algodón y lino a rayas, realzada por una distintiva pulsera que adornaba su muñeca izquierda.
—¡Señorita Gordon, qué sorpresa! —la saludó Kristopher.
—¡Señor Wright, qué sorpresa encontrarle aquí! —sonrió Ellie.
El rostro de Kristopher mostraba claros signos de enfermedad. La persona que empujaba su silla de ruedas era un hombre rubio de ojos azules, identificado por Ellie como un destacado cirujano cardíaco.
Kristopher no parecía inmutarse por el hecho de que un experto de gran prestigio empujara su silla de ruedas. «¿No se encuentra bien?», preguntó Kristopher.
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Nota de Tac-K: Lindo día queridas personitas. Dios les ama y Tac-K les quiere mucho. („• ֊ •„)੭
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