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Capítulo 519:
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Cuando vio a Kaiden, él había ocultado su mano herida.
Poco después, llamaron a la puerta.
«Señorita Gordon, le traigo su ropa», anunció Harry, el gerente del Rich Bar, evitando cuidadosamente mirar dentro.
«¿Has venido en coche? Necesito que me lleven», pidió Ellie, entregándole su bolso a Harry. Se puso el abrigo y se marchó, dejando atrás la habitación y a su ocupante sin mirar atrás.
Una fugaz mirada de autodesprecio cruzó los ojos de Kaiden. De alguna manera, había olvidado que su esposa estaba lejos de ser una frágil flor en un jardín protegido. Era una fuerza formidable, tan resistente e inquebrantable como cualquiera.
«Oh, Ellie… ¿Qué te ha pasado?», preguntó Baylee.
En cuanto Ellie entró en el dormitorio, Baylee se dio cuenta de que algo no iba bien. Las marcas en el cuello y la clavícula de Ellie eran evidentes.
«Ha sido cosa de Kaiden», murmuró Ellie, explicándolo como una aventura tras la ruptura antes de coger un camisón y dirigirse a la ducha.
Baylee, aunque en silencio, hervía de ira hacia Kaiden.
Mientras se desnudaba, Ellie se vio en el espejo. Su piel, normalmente tan clara, estaba cubierta de marcas rojas. Cuello, clavícula, brazos, espalda, muslos, pantorrillas… Tenía marcas por todas partes, como si una bestia salvaje la hubiera reclamado como suya.
Después de ducharse, Ellie salió del baño y le preguntó a Baylee: «¿No tenías que volar a Hagua a las diez de la noche?». Le preocupaba que Baylee pudiera perder su vuelo.
Baylee, que iba a asistir a una subasta en Hagua, no podía marcharse sin asegurarse de que Ellie estaba bien, sobre todo después de no haber podido localizarla por teléfono. Baylee, ahora una famosa subastadora conocida por su incomparable tasa de éxito, dudó.
«¿Estás bien? ¿Quieres que me quede contigo?».
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«No te preocupes, estoy bien».
Ellie insistió en que estaba bien, aunque Baylee podía ver que estaba lejos de estarlo. Al final, Baylee rechazó la oferta de Ellie de llevarla al aeropuerto, pensando que lo mejor para Ellie era descansar.
Esa noche, el sueño de Ellie fue todo menos tranquilo. Daba vueltas en la cama, con el descanso perturbado por la incomodidad y la inquietud.
A la mañana siguiente, se despertó sintiéndose completamente agotada, con el cuerpo débil y la mente confusa. A pesar de ello, se apresuró a dar clase, ignorando las señales de advertencia que le enviaba su cuerpo.
Al salir de la residencia, Ellie buscó con la mirada el Maybach, pero ya no estaba. Kaiden se había marchado.
Ellie apenas pudo terminar la clase. Justo cuando estaba terminando, le sobrevino un mareo y se derrumbó, mientras los gritos de preocupación de sus alumnos resonaban a su alrededor.
«¡Ellie!», gritaron mientras se apresuraban a ayudarla.
Howard, rápido en reaccionar, la cogió justo a tiempo.
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