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Capítulo 491:
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«Entonces, ¿por qué? ¿Por él?». Kaiden miró a Howard, que estaba a cierta distancia, debajo de un granado, esperando pacientemente a Ellie.
El joven irradiaba juventud y vitalidad, y llamaba la atención sin esfuerzo.
«No». La voz de Ellie transmitía una sensación de desolación.
Sus sentimientos por él, que no eran correspondidos, eran la razón de su decisión.
Ellie bajó la mirada, ocultando sus emociones. «Kaiden, no somos una buena pareja. Si no podemos llegar lejos, es mejor que nos mantengamos alejados el uno del otro por ahora».
«¿Cómo sabes que no podemos llegar lejos?», se burló Kaiden.
Sus palabras le parecieron desconcertantes.
«¿No estamos enfrentando obstáculos ahora?», suspiró Ellie.
Kaiden se quedó en silencio, con expresión gélida.
Después de un rato, preguntó: «Entonces, si le pido a Carole que se vaya de Harvillston, ¿dejarás de armar jaleo?».
«¡No estoy armando jaleo!», exclamó Ellie con tono cada vez más agitado. «Kaiden, ¡eso no es lo que quiero! ¿No lo entiendes? Si no lo entiendes, ¡entonces no puedes dármelo!».
«Ellie, ¿cómo puedo saberlo si no me lo explicas?», preguntó Kaiden frunciendo el ceño.
¿Qué era lo que ella anhelaba pero no podía recibir de él?
Ellie frunció los labios mientras lo miraba.
Quería que él la quisiera, que la apreciara, que fuera solo suyo.
Pero, ¿podría eso ser realidad alguna vez?
Ella le había dado pistas, le había preguntado por sus celos, pero él seguía sin responder.
Le había ofrecido innumerables oportunidades para elegirla, pero él siempre elegía a Carole.
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Antes de que Ellie lo conociera, era Carole quien compartía su infancia y su compromiso con Kaiden.
Ellie se negó a seguir menospreciándose a sí misma.
Necesitaba mantener algo de autoestima en su amor no correspondido.
—Kaiden, tengo que ir a cenar. Me voy ahora. —Intentó soltar su agarre, dedo a dedo, con el rostro convertido en una máscara de determinación.
Pero su fuerza no era rival para la de él, y sus esfuerzos fueron inútiles.
Su agarre solo se hizo más fuerte, y la tensión entre ellos aumentó.
«¡Kaiden, suéltame!». La ira de Ellie estalló, y sus palabras fueron tajantes y claras. «¡Me repugnas!».
De repente, él la soltó.
La puerta trasera del Maybach estaba abierta. El hombre que estaba dentro, normalmente tan seguro de sí mismo y sereno, se sintió confundido.
Ellie se acercó a Howard, que estaba debajo del granado, y entonces los dos desaparecieron de la vista de Kaiden.
Bruce, al darse cuenta de que Kaiden no se movía, cerró con cuidado la puerta del coche.
«Bruce, ¿qué quería decir Ellie con eso?», preguntó Kaiden con voz teñida de desconcierto.
Bruce sintió un escalofrío. —Yo… no he oído lo que ha dicho. Estaba distraído.
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