Detrás del Glamour: El secreto de mi mujer - Capítulo 147
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Capítulo 147:
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«Eh… No he traído ropa…», explicó Ellie desde detrás de la puerta. «¿Podrías traerme mi camisón? Y… ¿mi ropa interior?».
Kaiden, plenamente consciente del cambio en Ellie, recordó que, desde que se había mudado al dormitorio principal, ella siempre se aseguraba de traer ropa para cambiarse antes de entrar en el baño.
No era propio de ella entrar sin ropa.
¿Qué había provocado este cambio en su comportamiento?
«¿Cuál prefieres?», preguntó Kaiden, de pie junto a la puerta del baño, con voz tranquila y mesurada.
«Cualquiera», respondió Ellie.
Mientras se miraba en el espejo, Ellie se dio cuenta de lo curvilínea que era su figura. Cada centímetro de su piel era exquisito y hermoso. Siempre había sido muy consciente de sus ventajas, ya fuera su piel o su figura.
La noche solía despertar emociones y valor en las personas.
La mente de Ellie zumbaba ligeramente, sus nervios hormigueaban con una mezcla de emoción y aprensión. No estaba segura de su plan.
De repente, se oyó un golpe seco.
Kaiden estaba en la puerta del baño.
Con un suave clic, Ellie la abrió.
La puerta se abrió un poco, dejando escapar una nube de vapor.
Kaiden, con el camisón de Ellie en la mano, esperó a que ella lo cogiera. Pero ella no lo hizo.
—¿Ellie? —frunció el ceño, confundido.
Sin pensarlo mucho, empujó la puerta para abrirla.
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A través de la niebla que se disipaba, Ellie estaba de pie a pocos centímetros, desnuda.
Su piel brillaba y parecía casi frágil.
Cada curva de su cuerpo era un testimonio de su belleza.
Incluso cuando él entró, ella no se inmutó ni se cubrió. Solo lo miró en silencio.
Sus ojos, normalmente fríos, tenían un encanto cautivador que delataba su aparente calma.
«¿Te gusta este estilo?». La mirada de Ellie se posó en el camisón que Kaiden tenía en la mano.
Era de encaje blanco.
Kaiden se quedó paralizado, ya que lo había elegido sin pensarlo mucho.
Sentía un nudo en la garganta.
Las pestañas de Ellie temblaron, su bravuconería se tambaleó bajo la mirada indiferente de él.
¿No le afectaba su aspecto seductor?
¿Cómo podía ser eso?
Kaiden notó un cambio visible en el hermoso rostro de Ellie. Sus rasgos, antes expectantes, ahora insinuaban irritación. Un sutil gruñido parpadeó en sus inquietos ojos.
Incapaz de resistirse, Kaiden sonrió y se acercó a Ellie.
Sus suaves zapatillas tocaron las manchas húmedas del suelo del baño.
«¿En qué piensas, eh? Mi esposa».
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