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Capítulo 302:
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«Deja de defenderlo, Sofía. La culpa es de ese muchacho. Mi nietecita no estaría en esta habitación con nosotras. ¿Sabes cuánto me contuve para no agarrarlo del cuello?»
«Lo sé, mamá, pero…»
«Basta de peros», pidió Sueli. «Vi cómo lo mirabas, como si nada de lo que hizo te hubiera afectado.»
«No es así, mamá», explicó Sofía.
«Sí lo es. Me di cuenta. Hijita, actúas así porque te gusta, pero tienes que entender que un hombre que agrede a una mujer no es digno de amor.»
«Lo sé, mamá, no te preocupes, pasará con el tiempo.»
«Si sigues trabajando para él, creo que nunca pasará.»
«Ya, mamá», pidió Sofía. «Ni siquiera sé si seguiré trabajando para él. Después de lo que pasó, Ethan debe estar molesto conmigo por mentirle, y solo debe estar esperando a que salga del hospital para despedirme.»
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«¡Quien debería estar molesta eres tú! Y sabes qué, creo que lo mejor que puede pasar es que se vayan a convivir.»
«No te preocupes por eso, mamá. Ayúdame a levantarme, quiero prepararme para ver a Ava.»
«Está bien, voy a buscar la silla de ruedas.»
Una mezcla de emociones estaba consumiendo a Sofía, que no veía la hora de encontrar a su bebé. Sabía que sería solo por unos minutos, pero aún así no podía contenerse.
Al entrar en la UCI Neonatal, sus ojos fueron directos a la incubadora, donde la bebé estaba acostada, conectada a varios aparatos.
Levantándose de la silla con cierta dificultad, se acercó a ella, con los ojos ya llenos de lágrimas.
«Mi amor, mamá está aquí», intentó tocarla. «Vas a estar bien, mi muñequita, mamá no ve la hora de tenerte en brazos.»
Sofía lloraba, apreciando cada detalle de la pequeñita, que tenía pocos cabellos en la cabeza.
«Necesito que te recuperes pronto y estés muy saludable, porque tenemos muchas cosas para vivir juntas.»
«¿Quieres cargarla en brazos, mamá?» preguntó la enfermera, acercándose.
«Sí, quiero», respondió ansiosa.
Cuidadosamente, la enfermera abrió la incubadora, tomando a la pequeña Ava con cuidado, sin dejar que los aparatos la lastimaran. Sofía extendió el brazo, tomando a su pequeño tesoro con el mayor amor y cuidado del mundo.
«Oh, Dios mío», dijo ella, sin poder contener las lágrimas. «Te amo tanto, mi amor, te amo tanto», susurraba.
«Ella tiene suerte de recibir tanto amor así», comentó la enfermera.
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