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Capítulo 918:
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«Entonces, ¿está diciendo que… Evi eventualmente va a recordar todo, verdad?» Rowe hizo la pregunta que Jasper no lograba pronunciar. Era doloroso ver a su amigo tan vacío, tan a la deriva en la desesperación.
Mientras quedara aunque fuera una pizca de esperanza, si todos se unían y luchaban por ella, tal vez podrían ayudar a Evelina a recuperar la memoria. Pero Rowe no podía evitar imaginar lo inevitable. Cuando Evelina recuperara la memoria, plenamente consciente de lo que había hecho… de lo profundamente que había herido al hombre que más la amaba, el peso de esa culpa podría aplastarla.
«En teoría, sí,» respondió el doctor con cautela.
Pero la verdad no dicha permanecía en la habitación como una sombra: algunos pacientes nunca recuperan la memoria.
«Ay… mi cabeza…» se quejó Evelina, con la voz espesa de dolor. Había tenido la esperanza de que la presencia de Kurt calmara el caos en su mente, pero cuando él le sostuvo la mano, una violenta ola de náuseas le revolvió el estómago. Solo cuando se apartó, rompiendo el contacto, cedió el malestar. Sin embargo, en cuanto se alejó, el dolor punzante en su cabeza se intensificó.
Su mundo giraba fuera de control, deshaciéndose por ambos extremos.
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«Doctor, por favor, ayúdela,» suplicó Vivienne, las lágrimas ahogándole la voz mientras veía a su hija al borde del abismo.
El doctor le administró rápidamente algo para aliviar el dolor de Evelina, pero sus siguientes palabras, dichas con suavidad y cautela, cargaban una verdad más pesada que cualquier medicamento pudiera resolver.
«Cuando los recuerdos fragmentados intentan realinearse, chocan violentamente dentro de la mente, causando dolores de cabeza insoportables,» explicó el doctor con calma. «El medicamento va a calmar el dolor, pero no es una cura. Lo mejor que podemos hacer es reducir los detonantes emocionales o sensoriales, dejar que sane la lesión cerebral, y evaluar de nuevo a partir de ahí.»
«Entendemos. Gracias, doctor,» dijo Axel, acompañándolo a la salida.
Kurt, apenas conteniendo su regocijo, no perdió tiempo en torcer las palabras del doctor a su favor. «Ella me recuerda a mí,» dijo, con la voz goteando presunción. «Tiene sentido que yo la cuide ahora mismo.»
Le lanzó una mirada cargada de intención a Jasper, con el tono volviéndose helado. «Llevas días aquí sin descansar. Tal vez sea hora de que vayas a casa y duermas un poco.» Las palabras eran una burla, descarada y deliberada. Jasper explotó.
Con la rabia nublándole el juicio, se lanzó y golpeó a Kurt directo en la cara. Pero el agotamiento había cobrado su cuota: días sin comer ni descansar le habían drenado la fuerza. El golpe conectó, pero con solo una fracción de su fuerza habitual.
Kurt fácilmente pudo haberlo esquivado. No lo hizo. Recibió el golpe a propósito. Quería que Evelina sintiera lástima por él, que viera a Jasper como imprudente y cruel, un hombre gobernado por la violencia. Y funcionó.
«¡Basta!» gritó Evelina, el pánico y la furia retorciéndole el rostro. «¡No te atrevas a golpear a mi prometido!» Jasper se quedó paralizado, el brazo cayéndole inerte a un costado. «¿Qué… qué acabas de decir?» susurró, conmocionado.
Los ojos de Evelina se encontraron con los suyos, inquebrantables. «No te atrevas a golpear a mi prometido.»
El aliento se le atoró en la garganta a Jasper. Se señaló a sí mismo, perdido en una niebla de incredulidad. «¿Y yo? ¿Qué soy para ti?» Frenético, buscó alguna prueba, cualquier cosa que pudiera romper esa barrera. Sus dedos arañaron su camisa, donde debería haber estado el broche «Encuentro de Rosas». Pero no estaba ahí.
Entonces cayó en cuenta: debía habérsele caído en algún lugar de la colina mientras la buscaba.
En su lugar, agarró el brazalete que todavía le colgaba de la muñeca. «¿Te acuerdas de esto?» suplicó. «Tú lo hiciste para mí. Fue nuestro regalo de compromiso. ¡Tú tienes el que hace juego!»
Pero su muñeca estaba desnuda. El brazalete gemelo se había destrozado durante la pelea con los Hijos de los Dioses, perdido en el caos.
Para Evelina, el intento desesperado de Jasper se veía patético. Una mentira. Y una mala mentira.
«¡Ya basta, Jasper! El doctor dijo que no la alteráramos. ¿No ves que la estás alterando?» Kurt intervino, su inquietud retorcida por el miedo. Estaba aterrado, porque sabía que en el momento en que le regresara la memoria, Jasper no sería el villano. Sería a quien Evelina correría a buscar.
El doctor había dicho que era posible. Pero posible no era lo mismo que seguro. Y Kurt no podía darse el lujo de arriesgar ni una pizca de eso.
Franklin y Vivienne se quedaron ahí, atrapados entre el dolor de su hija y la callada devastación de Jasper. Después de una larga pausa, finalmente se dirigieron a él.
«Jasper, tú eres el yerno que hemos aceptado. Eso no ha cambiado, no lo dudes,» dijo Franklin con suavidad.
Vivienne asintió, su voz suave pero firme. «Pero ahora mismo… con todo como está, tal vez sea mejor que te vayas a casa y descanses. Déjanos encargarnos de las cosas aquí por el momento.»
Lo estaban intentando. Estaban reconociendo su lugar, ofreciéndole una salida que preservara su dignidad.
Pero para Jasper, se sentía como si una puerta se estuviera cerrando en silencio frente a él. Y entonces… un chasquido.
Sin querer, Jasper jaló con demasiada fuerza. El cordón del brazalete cedió, esparciendo las cuentas en todas direcciones por el piso del hospital.
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Nota de Tac-k: No falta mucho para terminar el año amadas personitas, ánimos allí. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (ɔO‿=)ɔ ♥
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