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Capítulo 762:
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Cerca de allí, Abbott acababa de colgar una llamada con su madre. Deambulaba cerca del plató, manteniendo deliberadamente la distancia.
Ver a Evelina con Jasper se había vuelto insoportable. Seguía esperando, quizá tontamente, que ella lo buscara cuando se diera cuenta de que no estaba por ninguna parte.
Pero lo que oyó a continuación no fue su voz. Fue el estruendo de unas explosiones.
Se le encogió el pecho. El instinto se apoderó de él. Corrió, con los guardaespaldas pisándole los talones. Entonces la vio. Evelina estaba en el suelo, con Jasper en brazos, sollozando como si su mundo se hubiera derrumbado.
Abbott se detuvo en seco. La imagen le impactó profundamente.
Había dejado que Jasper se la quedara, convencido de que el hombre la protegería. Ahora ella parecía completamente destrozada. ¿Cómo había llegado a esto?
Se dejó caer a su lado y le dijo con voz suave: «Estoy aquí, Evelina. No llores. Solo es un hombre…». Pero ella se volvió hacia él con el rostro desencajado. Y entonces, empujó a Jasper hacia él, suplicante.
«Abbott… ayúdame a salvarlo. Por favor. Tengo miedo».
La mente de Evelina era un torbellino. Sus miembros temblaban inútilmente, su respiración era entrecortada y, aunque sabía que debía hacer algo, cualquier cosa, su cuerpo se negaba a moverse.
«Deja de llorar. Yo me encargo», dijo Abbott con firmeza. Los años en el ejército de Aswein le habían dejado algo más que disciplina: sabía cómo manejar el caos.
Arrodillándose junto a Jasper, comprobó rápidamente sus signos vitales, con movimientos firmes y precisos.
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Levantó la mano, dispuesto a despertarlo con una fuerte bofetada en la mejilla.
Pero antes de que pudiera golpearlo, Jasper abrió los ojos de golpe. Durante un instante, se quedó mirando fijamente al vacío. Entonces, con repentina urgencia, apartó la mano de Abbott y se abalanzó sobre Evelina, atrayéndola hacia él en un fuerte abrazo.
«¿Qué ha pasado?», murmuró. «Evelina, ¿por qué lloras? ¿Estás herida?».
Ella negó con la cabeza, sollozando con más fuerza. «No, no lo estoy. ¡Pero me has dado un susto de muerte!».
Jasper le acarició la espalda, con voz suave y tranquilizadora. «Mira, estoy bien. De verdad. Ni siquiera he tenido la oportunidad de casarme contigo todavía, ¿cómo podría irme ahora? No llores, amor. Estás a salvo».
Los sollozos de Evelina se convirtieron poco a poco en jadeos tranquilos mientras luchaba por estabilizar su respiración. Le tomó la muñeca y le comprobó el pulso, fuerte y constante.
Al igual que Kristina, Jasper había quedado inconsciente por la onda expansiva de la explosión, pero no había sufrido heridas graves.
Jasper le secó las lágrimas con delicadeza. «¿Te sientes mejor ahora?», le preguntó, observándola atentamente.
Ella asintió débilmente. Y cuando él la abrazó con fuerza, ella no se resistió. La abrazó como si nunca quisiera soltarla. El peligro había pasado, pero el miedo aún persistía.
Mientras tanto, Kristina, a quien la tripulación había llevado a un lugar más seguro para que la atendieran los paramédicos, regresó tambaleándose.
Todavía le daba vueltas la cabeza por el impacto, pero en cuanto supo que Evelina había estado en peligro, se soltó de las personas que intentaban sujetarla.
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