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Capítulo 366:
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Bajo la tutela de Demi, Tasha creció y se convirtió en una persona no solo inteligente, sino también generosa, resistente y sabia para su edad.
En marcado contraste, los gemelos de Broderick, nacidos prematuramente debido a su mala salud, habían luchado por sobrevivir.
Los médicos habían aconsejado interrumpir el embarazo, pero Broderick insistió en tenerlos, a pesar de su frágil estado.
Los gemelos habían nacido prematuramente, con una salud delicada desde el principio, y se enfrentaban a enfermedades constantes. A los dos años, aún no habían aprendido algo tan simple como decir «mamá» o «papá». Su desarrollo era lento y difícil, y su futuro parecía incierto.
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«Ya he asignado a un abogado para que ayude a Tasha con el proceso, así que deja de intentar jugar tus juegos infantiles delante de mí», declaró Evelina, con voz fría e inflexible.
Evelina puso los ojos en blanco, exasperada por los intentos de Broderick, antes de dirigir su mirada a Cary y Vince. «Cuando se programe la próxima junta de accionistas, asegúrense de que Tasha reciba la notificación correspondiente. Debe estar allí».
La primera junta de accionistas de Evelina en Gibson Group había sido un éxito rotundo.
Phil estaba ahora bajo un intenso escrutinio, obligado a rendir cuentas de cada centavo de los fondos que había malversado. Broderick, por su parte, había sido escoltado públicamente por seguridad, con su reputación destrozada ante toda la empresa.
Sariah, que en su día había confiado en la antigüedad y el cargo de Phil en la empresa para ejercer control sobre Evelina, apenas podía creer el giro que habían tomado los acontecimientos. Era Phil quien había caído hoy, no Evelina.
Cuando Phil estaba en la cima de su poder, Sariah había llevado a cabo de buena gana sus tareas deshonestas. Ahora, desesperada por evitar verse atrapada en el fuego cruzado, optó por renunciar a cualquier indemnización o compensación, firmando en silencio su carta de despido.
Pero mientras recogía sus pertenencias de su escritorio, una amargura abrumadora surgió en su interior.
Ayer mismo, era una valiosa secretaria ejecutiva con poder y prestigio. Hoy, salía por la puerta con la cabeza gacha.
Su resentimiento hacia Evelina hervía en su interior: juró que encontraría la manera de hacer que Evelina pagara por cada gramo de humillación que había soportado.
Al salir de la oficina con su caja en la mano, Sariah no pudo resistirse a decirles unas últimas palabras a sus compañeros: «Una escoba nueva barre bien, ¿eh? Recordad: lo que me ha pasado hoy a mí podría muy bien ser vuestro futuro. ¡Más vale que tengan cuidado, todos ustedes!».
Si ella no podía encontrar la felicidad, se aseguraría de que nadie más la encontrara.
Cuando llegó la hora del almuerzo, la mayoría de los empleados habían abandonado sus escritorios en pequeños grupos para salir a comer. Con Sariah fuera, nadie había sido asignado para supervisar el horario o las comidas de Evelina.
Nadie se molestó en preguntarle si necesitaba almorzar. Nadie se ofreció a traerle comida.
Excepto una persona, que claramente había previsto esto: Cary. Apareció justo a la hora del almuerzo.
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