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Capítulo 751:
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Mientras Joseph se retorcía en el suelo, Gracie aprovechó la oportunidad y salió corriendo. Al verla escapar, Joseph agarró un palo que había cerca, ignorando el dolor en la parte inferior del cuerpo, y corrió rápidamente tras ella.
«¡Detente ahí!», gritó.
Gracie llegó a la verja y finalmente salió corriendo hacia la noche. Estaba completamente oscuro y no había ningún sitio donde esconderse.
Lo único que podía hacer era correr tan rápido como pudiera.
No podía permitirse que la atraparan. Cecilia seguía esperando a que volviera.
Joseph recuperó lentamente las fuerzas y acortó la distancia entre ellos.
—¡Zorra asquerosa! ¿Creías que podías engañarme? Te lo pagarás.
Al final, Gracie no pudo escapar.
Joseph blandió el palo y la golpeó en la nuca. Su visión se nubló inmediatamente. ¿Era el fin? ¿De verdad no iba a escapar hoy? Gracie perdió el conocimiento.
Le pareció que había dormido durante horas. Podía oír las voces de Waylon y su hija Cecilia, pero por más que lo intentaba, no conseguía despertarse.
En su sueño, era como si hubiera vuelto a su infancia.
—Nuestra pequeña Ada es tan adorable. Con ese vestido, parece una princesa.
—Ada, el abuelo te ha traído tu pescado a la parrilla favorito. Ven a probarlo.
—¿Qué regalo quieres para tu cumpleaños, Ada? El abuelo te comprará todo lo que pidas.
—Nuestra Ada es la mejor. ¡Eres el mejor regalo que mamá podría tener!».
«Como tu hermano mayor, te protegeré y me aseguraré de que nada te haga daño».
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Las caras de Floyd, Eleanor y Nathaniel pasaron por la mente de Gracie.
De repente, se incorporó alarmada.
«¡No!», gritó.
«Gracie, ¿estás despierta?».
Gracie giró lentamente los ojos hacia la voz.
Waylon tenía el rostro tenso y la frente profundamente arrugada. Parecía delgado y pálido, y sus ojos parecían vacíos de energía, en marcado contraste con su habitual actitud vivaz.
Las palabras que le había dicho por teléfono resonaban en su mente, haciendo que apartara ligeramente la cara.
«¿Por qué estoy aquí?».
Recordó que Joseph la había perseguido y le había golpeado en la nuca con un palo.
Después de eso, todo se había vuelto negro.
—Mamá, ¡me alegro tanto de que hayas despertado! ¡Pensaba que también ibas a abandonarme!
Cecilia se aferró al brazo de Gracie, con lágrimas cayendo sobre su mano.
El corazón de Gracie dio un vuelco. Intentó incorporarse, pero cuando Waylon se movió para ayudarla, ella se apartó sutilmente de su contacto.
La mano de Waylon dudó un momento, luego la retiró en silencio. —Cecilia, eres una niña muy buena. ¿Cómo podría mamá abandonarte? Siempre estaré a tu lado para protegerte. Por favor, deja de llorar, ¿vale?
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