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Capítulo 2000:
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Cuando recuperó la conciencia, se encontró tumbado en una cama de hospital. Yolanda estaba de pie a su lado, en un silencio cargado de tensión, con las manos apretadas con fuerza a los costados. Habían encontrado a Brendon fuera de la mansión Dawson y lo habían trasladado rápidamente hasta allí, lo que significaba que había vuelto a ir en busca de Christina. Y las heridas que presentaba solo podían haber sido causadas por ella.
Yolanda podía sentirlo. Su corazón ya había vuelto a Christina, dejándola atrás. En su día había creído que su vínculo era inquebrantable, que su amor era real. Ahora le parecía una broma cruel. El hombre al que le había arrebatado a Christina estaba ahora desesperado por volver con ella.
¿Cómo podía ser eso justo? ¿Por qué parecía que Christina era capaz de recuperar el afecto de Brendon sin ningún esfuerzo? La amargura se arremolinaba con fuerza en el interior de Yolanda, dirigida no solo hacia Christina, sino también hacia Brendon. El hombre que en su día había jurado devoción eterna —que había prometido no abandonarla jamás— había hecho a un lado esos votos sin dudarlo.
«Yolanda, ¿ha venido alguien mientras estaba inconsciente?», preguntó Brendon, con una tenue chispa de esperanza titilando en sus ojos. Quizá Christina se había enterado de su estado; quizá la preocupación la había llevado hasta allí. Si aún le quedaba un atisbo de sus sentimientos, él creía que podría recuperarla. Christina estaba destinada a pertenecerle; ¿qué derecho podría tener otro hombre sobre ella?
«No», respondió Yolanda con frialdad, con un tono teñido de aspereza. «¿A quién esperabas exactamente?»
Brendon esbozó una débil sonrisa, aunque el movimiento le provocó un dolor agudo en los moratones de la cara. «A nadie en concreto».
Cobarde. Los pensamientos de Yolanda ardían de desprecio: seguía ocultando sus verdaderos sentimientos, incluso ahora. Nada había cambiado en él; seguía siendo demasiado cobarde para afrontar la verdad. Y eso no hacía más que confirmar lo que ella ya había decidido: situarse por encima de él había sido la elección correcta desde el principio.
Los dedos de Yolanda se cerraron con fuerza sobre las palmas de las manos mientras luchaba por contener la creciente oleada de resentimiento que la invadía. Sin embargo, el dolor de la traición la oprimía con más fuerza, un ardor agudo le picaba en la nariz mientras las lágrimas se acumulaban incontrolablemente en sus ojos. Intentó tragárselas, pero al final no pudo resistirse: necesitaba respuestas de Brendon.
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«Brendon, aquella noche en que estabas borracho, te oí susurrar el nombre de Christina». Sus ojos enrojecidos se clavaron en él, con la voz temblorosa mientras se obligaba a pronunciar las palabras. «¿Sientes algo por ella?».
Brendon se quedó paralizado, tomado por sorpresa por su franqueza, sin saber siquiera por dónde empezar a responder. Antes de que pudiera recomponerse, Yolanda volvió a hablar, con la voz quebrada bajo el peso de sus sollozos.
« «Si tu corazón le pertenece a ella, entonces te dejaré marchar. Aceptaré el divorcio. No me interpondré en tu camino. Te quiero lo suficiente como para apartarme, aunque eso me destruya. Brendon, mientras tú seas feliz, yo podré soportarlo».
Su aparente altruismo no hizo más que aumentar la opresión en su pecho. Entreabrió los labios, pero no le salieron palabras —ninguna que no la hiriera aún más—. En su lugar, la atrajo hacia sí en un abrazo, intentando calmarla. «Yolanda, te estás imaginando cosas. No siento nada por ella. No dejes que esto te preocupe».
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