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Capítulo 1864:
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Si hubiera reconocido sus propios sentimientos cuando se conocieron, ¿sería su mano la que ella estuviera sosteniendo ahora? Ya sabía que nunca habría una respuesta a eso. El tiempo no retrocedía, y la vida rara vez ofrecía una segunda oportunidad en el momento adecuado.
Aun así, bajo el aguijón, Robin descubrió que deseaba de verdad que fueran felices.
Clavó en Dylan una mirada penetrante; aquella expresión de satisfacción le irritaba más allá de lo razonable. Bajó la voz. —Solo recuerda: si alguna vez le haces daño, tendrás que responder ante mí.
—No tienes por qué preocuparte —respondió Dylan, con tono serio—. Eso nunca sucederá.
No tenía intención alguna de dejar que Christina sufriera jamás. Ni daría a otro hombre la oportunidad de arrebatársela. Robin podía aferrarse a la esperanza de que las cosas acabaran desmoronándose, pero Dylan sabía que no sería así. Simplemente, eso no era cómo acabaría todo.
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—Para mí es como de la familia —dijo Robin, con un matiz de advertencia en su voz—. Si alguna vez la decepcionas, tendrás que vérlas conmigo.
Dylan arqueó una ceja, esbozando una sonrisa tenue y pausada. «¿Es como de la familia, eh? Entonces eso me convertiría a mí también en tu familia, ¿no?».
Robin soltó una risa desdeñosa y se dio la vuelta. «Sigue soñando. Necesitarás mi aprobación antes de que pase algo así». Se dijo a sí mismo que debía ser paciente.
Todo lo que tenía que hacer era esperar a que Dylan cometiera un error.
Dylan apretó con más fuerza la mano de Christina y se inclinó, apoyando suavemente la frente contra la de ella. Sus sonrisas se encontraron —tranquilas y desarmadas— y, por un momento, el mundo pareció reducirse hasta que solo existían ellos dos en él.
Robin miró hacia atrás justo a tiempo para verlo. La imagen le impactó más de lo que esperaba.
Un peso invisible le oprimía el pecho, haciendo que cada respiración le resultara difícil. Oleadas de dolor le recorrían el cuerpo, una tras otra, lentas e insistentes.
Se obligó a mantener la compostura. Christina nunca debía saber lo profundamente que aquello le había herido. Mientras mantuviera esos sentimientos enterrados, podría permanecer a su lado. Si la verdad salía a la luz, incluso esa frágil cercanía podría desaparecer, sustituida por nada más que distancia y incomodidad.
Se apartó y fijó la mirada en el paisaje fuera de la ventanilla del coche, dejando que se difuminara ante sus ojos.
¿Cómo había acabado tan por detrás de Dylan? Si hubiera ido tras Christina sin dudar desde el principio, tal vez las cosas serían diferentes ahora. El arrepentimiento le carcomía en silencio, persistente y agudo. Casi quería culparse a sí mismo por haber tardado tanto en comprender lo que ella significaba para él.
Robin iba detrás de Christina y Dylan mientras regresaban a la finca Cloudcrest.
Verlos juntos —el afecto natural, las manos entrelazadas— le provocaba un dolor sordo y recurrente en el pecho. Estaba furioso consigo mismo. No podía creer que hubiera actuado con tanta lentitud mientras Dylan ya se había ganado el corazón de Christina.
El arrepentimiento no servía de nada, y él lo sabía. Su única esperanza real ahora era esperar y confiar en que Dylan acabaría haciendo alguna tontería que le costara su confianza.
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