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Capítulo 1754:
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Años de búsqueda, de incertidumbre, habían dejado en él unas marcas que no habían cicatrizado. Ahora que ella había vuelto, cada amenaza percibida le afectaba más de lo que debería, cada desaire le parecía más punzante de lo que tal vez era. Cuando se trataba de Christina, la emoción siempre se imponía a la lógica.
La familia Jones nunca había dejado de albergar sospechas sobre los Martel. La desaparición de Christina hacía tantos años nunca les había sentado bien; nunca les había parecido un accidente o una desgracia. Cada vez que los pensamientos de Bain se desviaban en esa dirección, su odio hacia Alban se agudizaba hasta convertirse en algo casi visceral.
Sus encuentros rara vez terminaban en calma. Siempre había voces en alto, siempre el calor de los ánimos mal contenidos, siempre el trasfondo de años de resentimiento acumulado.
Alban se ajustó los gemelos con la misma calma deliberada y volvió la mirada hacia Bain, con una expresión desdeñosa y fría. «Yo no actúo como tú. No juego sucio».
Unos años antes, alguien había atentado contra su vida. Alban nunca había abandonado del todo la creencia de que Bain estaba detrás de aquello.
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Eran competidores despiadados; esa era simplemente la naturaleza de lo que existía entre sus familias. Pero ordenar el asesinato de alguien era algo completamente diferente, una línea que él nunca había cruzado, y la idea de que Bain llegara tan lejos le dejaba una amargura que no se había desvanecido.
«Si alguien ha convertido en un arte jugar sucio, esa es la familia Martel», replicó Bain, con voz cortante y despectiva. «Nadie más se le acerca ni remotamente».
La sonrisa se desvaneció del rostro de Alban. Su expresión se volvió pétrea mientras respondía con un tono seco y gélido: «Nosotros no nos rebajamos al nivel de tu familia».
La familia Jones había estado conspirando contra él en secreto y, sin embargo, ahí estaban, actuando como si él fuera el que estuviera equivocado.
«Alban, no te atrevas a…», comenzó Bain, dando un paso adelante, hasta que la mano de Christina le agarró del brazo.
Bain la miró y la dureza de su rostro se suavizó. Se volvió hacia Alban con un sonido seco y desdeñoso. «Está bien. Por el bien de mi hermana, lo dejaré pasar… esta vez».
Christina mantuvo la mano ligeramente sobre su brazo y luego desvió la mirada hacia Alban.
—Señor Martel, solo es una cena. La pagaré yo misma. Los tres podemos ir ahora mismo.
El verdadero objetivo de Alban no tenía nada que ver con la comida ni con los hermanos Jones. Quería ver a Gillian… y a Adelaide.
—¿Estás segura de que no quieres invitar a nadie más? —preguntó, dejando que la sugerencia quedara en el aire con deliberada cautela.
Christina arqueó una ceja. Lo captó de inmediato. Se refería a Gillian y a la niña.
No tenía intención alguna de caer en esa trampa en particular. Y, más allá de eso, no era decisión suya: esa decisión le correspondía únicamente a Gillian.
—Señor Martel, si hay alguien en concreto a quien quiera ver, solo tiene que decirlo. No tiene sentido andarse con rodeos conmigo —dijo Christina, yendo directa al grano.
Alban parpadeó. No esperaba que ella lo leyera tan bien, ni que lo abordara con tanta franqueza. Se produjo un breve silencio y, a continuación, una pequeña sonrisa de concesión se dibujó en su rostro.
—Tienes razón. Seré directo. Quiero ver a Gillian.
Su razonamiento era sencillo: si Gillian venía, era casi seguro que Adelaide vendría con ella.
«¿Qué es lo que buscas exactamente ahora, Alban?», preguntó Bain, frunciendo el ceño con evidente recelo.
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