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Capítulo 1600:
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Cualquiera que se atreviera a interponerse entre ella y el título de señora Scott sería eliminado sin dudarlo.
—Tranquila —dijo Terrence con tono burlón, con una mirada divertida—. Solo quiero proponerle una asociación.
Vickie sintió un nudo en el estómago bajo su mirada. Sus dedos se cerraron en puños tensos.
Era como si ella fuera una presa atrapada y él, el depredador tranquilo y calculador que estudiaba cada uno de sus movimientos.
«¿Una asociación?», repitió ella, obligando a su voz a mantenerse firme a pesar de que su pulso se aceleraba. «¿Qué tipo de asociación?».
«Si trabajamos juntos, puedo ayudarte a conquistar a Dylan», dijo Terrence, esbozando una sonrisa torcida. «¿Te parece tentador?».
Frunció el ceño al instante. «¿Por qué harías eso? ¿Qué ganas tú con ello? ¿Qué esperas que te dé a cambio?».
No creía ni por un momento que alguien le ofreciera una oportunidad así por bondad, y mucho menos una que pudiera convertirla en la esposa de Dylan.
Algo tan valioso siempre tenía un precio, y ella sabía que no sería barato.
—Solo tienes que hacer que Dylan sea tuyo —dijo Terrence con suavidad, con una sonrisa perezosa, pero con los ojos brillantes de un deseo oscuro y posesivo—. Yo quiero a Christina. Es sencillo: tú consigues al hombre que quieres y yo consigo a la mujer que quiero.
Al mencionar el nombre de Christina, el deseo en su mirada se intensificó, crudo e inconfundible.
Vickie lo vio al instante y la envidia la invadió como ácido.
¿Por qué siempre era Christina? ¿Por qué esa mujer tenía a los hombres locos por ella allá donde iba?
La relación de Christina con Dylan había sido breve, pero era la única mujer por la que él había estado dispuesto a arriesgarlo todo. Solo el recuerdo hizo que la envidia de Vickie se convirtiera en locura.
—¿Y si me niego? —preguntó fríamente, con una sonrisa amarga en los labios.
Terrence se recostó, con una expresión casi juguetona. —Si te niegas, nunca tendrás a Dylan. Y haré público tu embarazo.
Vickie entrecerró los ojos, ocultando la violenta chispa que brillaba en ellos. —¿Me estás amenazando?
Terrence se recostó perezosamente en el sofá, con los brazos apoyados en el respaldo y los dedos colgando con naturalidad.
Última versión corregida, por novelas4fàn.com
El cuello abierto de su camisa blanca se tensaba sobre su pecho, dejando entrever los músculos esculpidos que había debajo, una tranquila muestra de fuerza y masculinidad desenfrenada.
Cruzó una pierna sobre la otra con un movimiento lento y deliberado. Cada gesto rezumaba control, cada movimiento irradiaba peligro.
«Solo es una asociación», dijo Terrence, con una sonrisa maliciosa. «¿Cómo podría ser eso una amenaza?».
Su tono era burlón, pero el corazón de Vickie se aceleró de todos modos, sorprendido por la atracción magnética que ejercía sobre ella.
Todo en él gritaba poder: demasiado sereno, demasiado intenso. No era un hombre corriente, y eso lo hacía imposible de ignorar.
¿Por qué los hombres como él se sentían tan atraídos por Christina? ¿Qué tenía esa mujer que les hacía perder todo sentido de la razón?
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