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Capítulo 1584:
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«Pregúntale al médico que dirigió la operación», espetó. «El hecho de que te haya dado a elegir ya es más misericordia de la que te mereces».
Katie se agarró la mejilla, con la cara ardiendo y los ojos llenos de lágrimas.
No se atrevió a decir otra palabra: un solo sonido equivocado y le seguiría otra bofetada.
«Habladlo… no hace falta pegar a nadie», murmuró Joselyn débilmente, tirando de Katie unos pasos hacia atrás. Su voz se quebró y se quedó en silencio.
«Diez… nueve… ocho…», Christina comenzó la cuenta atrás, con un tono tan frío y constante como el tictac de un reloj.
Katie sintió un nudo en el pecho. El pánico se apoderó de ella y sus ojos se posaron impotentes en Brendon.
Pero cuando su mirada recorrió los rostros indefensos de los demás, su corazón se hundió en la desesperación. Entonces supo que estaba acabada.
Cuando la cuenta atrás llegó a su último segundo, Katie se derrumbó. Las lágrimas le corrían por la cara mientras decía entre sollozos: «Me entregaré. Se lo contaré todo a la policía».
Se secó la cara y miró a Christina a los ojos. «Pero no le digas a mi padre que no soy su hija. Prométemelo».
«Si dices la verdad, no diré nada», dijo Christina con frialdad, con una expresión indescifrable.
Sin embargo, que los demás guardaran silencio era otra cuestión.
Especialmente Yolanda, que seguía acurrucada contra el pecho de Brendon, con su fachada de dulzura como una máscara.
Yolanda había utilizado a Katie desde el principio, moviendo sus hilos como a una marioneta. La pobre tonta ni siquiera se había dado cuenta.
Por lo que Christina sabía, Yolanda sería la que se volvería contra Katie cuando llegara el momento.
Pero eso no era asunto de Christina. Katie había tomado sus decisiones y ahora tendría que afrontar las consecuencias.
—¡No te atrevas a romper tu palabra! —espetó Katie, mirándola con ira a través de sus lágrimas.
Si esto salía a la luz, se aseguraría de que Christina cayera con ella, sin importar el precio.
—No voy a romper mi palabra —dijo Christina, con tono tranquilo pero firme. Luego miró a todos los presentes. «Ahora salgan de la habitación».
«¿Por qué deberíamos hacerlo?», gritó Katie.
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Joselyn intervino con voz temblorosa. «Si alguien debe irse, esa eres tú. ¡Tú eres la forastera aquí!».
«No te lo estoy pidiendo», respondió Christina, con una voz que se volvió mortalmente tranquila. «Te lo estoy ordenando».
Sus dedos se cerraron lentamente en un puño y un destello frío brilló en sus ojos. El aire mismo parecía tensarse, denso por la presión que irradiaba.
—¿Qué… qué piensas hacer? —tartamudeó Joselyn, temblando como una hoja.
Brendon frunció el ceño. —¿Es la fuerza bruta lo único que sabes usar?
Christina soltó una risa breve y cortante. «Soy capaz de mucho más. Es solo que nunca te molestas en mirar más allá de tu limitada perspectiva».
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