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Capítulo 1537:
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Los años que pasó trabajando al lado de Dylan ya habían envuelto a Edwin en un sinfín de rumores y especulaciones.
Unos cuantos arrebatos más de Robin y la reputación de Edwin quedaría destrozada para siempre.
«Levanta la prohibición y limpiaré tu nombre. De lo contrario, seguiré difundiendo rumores todos los días», amenazó Robin, con un tono que rebosaba satisfacción.
Seguramente, Dylan no sería capaz de soportar la vergüenza. Al menos, eso era lo que Robin creía.
Su momento de triunfo duró poco. Los labios de Dylan se curvaron en una lenta y peligrosa sonrisa, de esas que hacen que a Robin se le enfríe la sangre.
Esa expresión intrigante tan familiar…
Maldita sea.
El pánico se apoderó de Robin. Apretó la mandíbula y siseó: «¿Qué estás tramando, Dylan?».
«Adivina», respondió Dylan, arqueando una ceja e inclinándose hacia él.
Con sus rostros tan cerca, Robin podía sentir el aliento de Dylan. Retrocedió rápidamente, desesperado por mantener siquiera un centímetro de distancia entre ellos.
Robin estaba tan consumido por el terror que su agarre a la pierna de Dylan se aflojó instintivamente.
Dylan bajó deliberadamente la cabeza aún más, y la sonrisa burlona en la comisura de sus labios se convirtió en algo depredador.
«¿Qué tal si convertimos ese pequeño rumor en una realidad fría y dura?», sugirió Dylan, dejando que las palabras salieran lentamente.
Una oleada de miedo helado recorrió el cuero cabelludo de Robin; cada poro de su cuerpo pareció cerrarse en señal de protesta.
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«Tú…», Robin solo logró articular una sílaba ahogada antes de que Dylan lo agarrara por el cuello y acercara sus rostros hasta que quedaron a pocos centímetros de distancia.
En ese momento aterrador, la famosa belleza de Dylan no significaba absolutamente nada. Todo lo que Robin podía registrar era puro pánico y una ola de náuseas que le revolvió el estómago y casi lo tiró al suelo.
—En serio, Dylan, ¿estás loco o algo así? —Robin lo empujó violentamente, luchando por poner una distancia segura entre ellos tan rápido como pudo.
—Estoy completamente enfermo —confirmó Dylan, sin mover un músculo, con los ojos fijos en Robin con intensa concentración.
Robin dudó, creyendo tontamente en la seriedad de la situación durante un breve segundo. «¿Estás enfermo? ¿De qué tipo de enfermedad estamos hablando?».
«Mal de amores», afirmó Dylan, con el rostro impasible y totalmente convincente.
En ese preciso momento, el único impulso puro de Robin fue rodear con las manos el cuello de Dylan.
Dylan estaba claramente perturbado, no solo enfermo, sino completamente destrozado.
Una horrible idea comenzó a rondar la mente de Robin: tal vez los rumores sobre la homosexualidad de Dylan eran ciertos. El regreso de Vickie debía de haber sido solo una forma conveniente para Dylan de desviar la atención.
¿De qué otra manera se podía explicar que no hubiera pasado absolutamente nada entre ellos en todos esos años?
Cuanto más pensaba Robin en las posibilidades, más se le ponía la piel de gallina. Era estrictamente heterosexual, e incluso imaginar cualquier otra cosa le revolvió el estómago.
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