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Capítulo 1498:
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Mientras él y la familia Scott se mantuvieran fuertes, ella estaría a salvo. Pero, ¿y si algún día caían? ¿Y si no quedaba nada para protegerla?
Dylan quería que Chloe sobreviviera y prosperara por sí misma, que fuera inquebrantable incluso sin nadie que le cogiera de la mano.
En realidad, debería haber empezado a prepararla hacía mucho tiempo, pero su frágil salud le había obligado a protegerla sin descanso, a envolverla en su protección y a resguardarla de todas las tormentas.
Después de estar a punto de morir, sin saber quién había intentado matarlo, se dio cuenta de que tenía que prepararse para cualquier amenaza posible, especialmente una que pudiera dañar a Chloe.
Cada vez que Dylan imaginaba que algo salía mal, lo único que veía era la expresión devastada de Christina, una mirada de puro desamor que lo atormentaba.
Sin pensarlo, la atrajo hacia él y apoyó suavemente la barbilla sobre la cabeza de ella, como si necesitara sentir su respiración.
—Chrissie… —La voz de Dylan era baja y cálida, cargada de emoción tácita.
Christina dejó escapar un suave murmullo, reconfortada por el ritmo profundo y constante de su voz junto a su oído.
Él no habló durante un rato. El silencio entre ellos no era vacío, era pesado, íntimo, como si el aire mismo contuviera la respiración. Sintiendo el cambio en él, Christina levantó la cabeza y le acarició suavemente la cara. —¿Qué pasa? De repente te has quedado muy callado.
Dylan soltó una suave risa y cubrió la mano de ella con la suya. Sus ojos eran cálidos, pero una sombra de miedo persistía detrás de ellos. —Si… si alguna vez me pasara algo —comenzó, con voz baja—, necesito que te cuides. No te ahogues en el dolor. No te pierdas a ti misma. Yo…
Antes de que pudiera terminar, Christina le puso un dedo en los labios, interrumpiéndolo. «No hables así», dijo, con un tono en el que se mezclaban la irritación y el miedo. No quería oír esas palabras.
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Esa mirada enfadada y obstinada en su rostro hizo que Dylan sonriera a pesar suyo. Dios, la quería. Su Christina: feroz, tierna, imposible de no adorar.
«Está bien, lo dejaré», dijo, mirándola a los ojos. «Pero tienes que prometerme algo».
—Lo prometo —respondió ella, firme y segura—. Pero no te va a pasar nada. No mientras yo esté aquí.
—De acuerdo —dijo Dylan con una suave sonrisa—. Solo digo que, si…
Christina lo silenció con un beso, negándose a dejar que terminara la frase.
Su beso se intensificó, sin aliento e intenso, hasta que Christina finalmente se apartó, con el pecho subiendo y bajando.
—Sin «si», sin «quizás», sin «y si…», dijo con voz firme. —Vamos a envejecer juntos. En esta vida, en la siguiente y en la siguiente. Estás atado a mí, Dylan. Para siempre.
Dylan se rió, y no fue solo un sonido, fue calidez, como miel derritiéndose lentamente en su pecho.
«Esa es mi Chrissie», dijo, con voz llena de amor y orgullo.
Christina extendió los brazos hacia él, con un tono suave y burlón. «Llévame en brazos, ¿quieres?».
«Claro», murmuró Dylan, con un brillo juguetón en los ojos mientras la levantaba sin esfuerzo del escritorio.
Más tarde, Dylan se sentó a trabajar en el escritorio, con los papeles esparcidos ante él. Christina se sentó en silencio a su lado, con el libro abierto.
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