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Capítulo 1496:
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Ella se quedó un momento mirándolo con una mirada que contenía tanto advertencia como amor. Luego se dio la vuelta, tomó la mano de Morse y se alejaron juntos, con pasos ligeros pero firmes.
Un pensamiento oscuro cruzó por la mente de Chloe: si las cosas llegaban demasiado lejos, ¿acabaría Dylan completamente solo, abandonado por todos aquellos en quienes había confiado?
Se negaba a creerlo. ¿Dylan, despiadado? No era posible que tratara a Christina de esa manera, ¿verdad?
Quizás había algo oculto entre ellos, algún secreto que ninguno de los dos conocía.
Dylan no se había movido en todo ese tiempo, manteniendo la espalda firmemente girada. Escuchó el suave y cada vez más lejano ritmo de sus pasos a medida que se alejaban.
Pero al final, no pudo resistirse. Lentamente, casi sin querer, se giró para verlos marcharse.
Se fijó en sus manos, con los dedos entrelazados como si fueran uno. Chloe se apoyaba ligeramente en el brazo de Morse, e incluso desde esa distancia, Dylan podía sentir la calidez, la tranquila felicidad que irradiaban entre ellos.
Emociones contradictorias se agitaban en su interior. Su hermana pequeña se había alejado y la persona que había ocupado ese espacio a su lado era alguien a quien él consideraba un amigo íntimo. Sin embargo, cuando recordó la sonrisa genuina y radiante del rostro de Chloe, una rara calidez se apoderó de sus rasgos. La frialdad habitual de sus ojos se derritió, dejando solo un brillo suave y protector. En ese momento, nada más importaba. Su felicidad valía más que el orgullo, la ira o la rivalidad.
Y en los rincones tranquilos de su mente, se formó un voto: algún día, cuando fuera el momento adecuado, traería a su hermana de vuelta a casa.
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Más tarde esa noche, Christina condujo hasta los terrenos de una finca tranquila y apartada. La propiedad había pertenecido a Dylan, pero él se la había cedido a ella hacía mucho tiempo.
Aparcó el coche, entró directamente en la elegante villa y se dirigió al estudio.
Después de llamar suavemente a la puerta, la abrió, lista para entrar.
Pero antes de que pudiera cruzar el umbral, una figura alta y fuerte la atrajo hacia sí en un abrazo feroz y apretado. —Chrissie, has venido de verdad. Dios, cómo te he echado de menos.
Christina lo inhaló: ese aroma inconfundible, rico y adictivo, como el peligro envuelto en deseo.
Cada vez que se acercaba a él, algo primitivo se despertaba en ella, como si su cuerpo estuviera programado para tocarlo.
El simple hecho de estar cerca de él era embriagador, crudo y eléctrico, imposible de resistir.
Y cuando miraba ese rostro injustamente perfecto, esos brazos esculpidos y esos labios que pedían ser besados, se sentía perdida.
—Chrissie… —comenzó Dylan, con voz baja y suave.
Pero ella no le dejó terminar. Sus labios se estrellaron contra los de él, tragándose sus palabras en un beso hambriento y sin cuartel.
Incluso en medio del beso, Dylan no pudo evitar sonreír. Ella lo había tomado por sorpresa, y le encantaba.
Esta versión de Christina, atrevida, exigente y con el control absoluto, era su tipo de caos favorito.
Igualando su pasión, Dylan la atrajo hacia sí, retrocediendo mientras se giraba para cerrar la puerta detrás de ellos.
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