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Capítulo 1461:
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«Lo siento», dijo Christina en voz baja, con una sonrisa serena. «No me interesa».
Noah no discutió. Solo apretó su mano durante un breve segundo, respiró lentamente y luego la soltó.
Una sonrisa tranquila se dibujó en su rostro cuando comprendió la verdad: una vez que soltara su mano, sabía que nunca volvería a tomarla.
Noah sintió una ligera punzada de arrepentimiento, sin darse cuenta de que algo vacío se había instalado silenciosamente en su interior.
«Hasta la próxima», dijo Noah en voz baja.
Christina esbozó una suave sonrisa y levantó ligeramente las cejas. «Hasta la próxima», repitió.
Noah siempre había cumplido su palabra: manejaba las pérdidas con elegancia y mantenía su orgullo sin pestañear. Era auténtico.
Su respuesta hizo sonreír a Noah de verdad, una sonrisa abierta, honesta y sincera.
Sus miradas se cruzaron y ambos sonrieron. La mirada de Christina no transmitía más que respeto, por alguien a quien consideraba un verdadero rival.
Pero a Robin no le gustó lo que vio, su rostro lo decía todo.
Robin dio un paso adelante y se interpuso entre ellos, bloqueando la vista de Noah hacia Christina.
—Paga y vete —dijo Robin con voz fría y firme.
Noah notó el destello de celos en los ojos de Robin, algo que Christina no mostraba en absoluto.
«Me voy», dijo Noah con una sonrisa tranquila y cómplice. «No he ganado, pero tú tampoco vas a conseguir lo que quieres».
Nadie más se dio cuenta, pero Robin entendió perfectamente lo que quería decir.
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El rostro de Robin cambió y una sensación amarga se apoderó de su pecho.
—He perdido —dijo Noah, inclinándose profundamente ante el público y las cámaras—. Y lo siento por todos vosotros.
Tal y como había prometido, Noah pagó, devolviendo hasta el último céntimo que había ganado a los Miller.
Antes de marcharse, Noah se acercó a Christina y la miró fijamente a los ojos con calma y determinación.
«He dejado de jugar», dijo Noah, con honestidad y claridad. «Pero espero que volvamos a enfrentarnos algún día».
«Aunque el destino no nos vuelva a reunir», dijo Christina con una suave sonrisa, «mantendré mi promesa. Y cuando llegue ese día, espero que seas más fuerte».
«¡Trato hecho!», exclamó Noah con los ojos verdes iluminados y el rostro radiante de auténtica felicidad.
Christina asintió con la cabeza y le volvió a estrechar la mano.
Mientras Noah y su equipo se alejaban, Christina se quedó mirándolos, con una suave sonrisa aún en los labios.
Noah miró atrás más de una vez, y cada vez, su corazón se sentía un poco más pesado.
Graba esa última imagen en su mente: su rostro tranquilo y radiante ahora está grabado profundamente en su memoria.
Christina no era solo una rival; era la mujer más increíble con la que se había cruzado jamás.
Y sabía con certeza que nunca volvería a conocer a nadie como ella.
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