De Exesposa Humilde a Magnate Brillante - Capítulo 1427
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Capítulo 1427:
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Los sollozos de Chloe se oían fuertes y entrecortados, y apenas podía articular palabra.
«Oye… tranquila. Cuéntame exactamente qué ha pasado», dijo Dylan, manteniendo la voz tranquila a pesar del pánico que le oprimía el pecho.
—Yo… D-Dylan… —jadeó Chloe, con la voz quebrada—. Morse… Le han disparado… ¿Qué hago? Ni siquiera los mejores médicos de aquí están seguros de que vaya a sobrevivir. Y es demasiado tarde para llevarlo a Apresh para que lo vea el Dr. Emmett…
A Dylan se le revolvió el estómago. —No te asustes. Yo me encargaré de esto. Asegúrate de que los médicos hagan todo lo posible por mantenerlo con vida.
—Vale —susurró Chloe, con las lágrimas aún entrecortando sus palabras. Antes de que Dylan pudiera siquiera pensar, la voz de Christina resonó en la sala.
«¿Qué está pasando? ¿Quién está en peligro?», preguntó, con voz aguda y concentrada.
«Han disparado a Morse. Ni siquiera los mejores médicos de Malvren están seguros. Y es demasiado tarde para traerlo aquí», dijo Dylan, con cada palabra cargada de preocupación.
«Llamaré al Dr. Emmett. Ahora mismo está en Malvren. Aunque no pueda salvar a Morse, puede traerlo de vuelta a Apresh para operarlo», dijo Christina con voz firme mientras sacaba su teléfono y marcaba el número de Calvin.
Dylan observó en silencio, fijándose en el tono tranquilo y firme de su voz. Su ceño fruncido se suavizó y una pequeña chispa de esperanza brilló en sus ojos. Lo que le llamó la atención no fue la rapidez con la que hizo la llamada, sino la absoluta certeza de su voz.
Parecía creer de verdad que, si Morse llegaba a la operación, todo lo demás encajaría.
Ese tipo de calma y certeza absoluta solo pertenecía a un médico, alguien que superaba incluso a Calvin. Ese médico era King, el legendario sanador.
Una vez que terminó su llamada con Calvin, Christina se giró y vio que Dylan la estaba observando. Su rostro era de nuevo una máscara: firme, sereno, sin revelar nada.
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La revelación de que Christina era King lo había golpeado de improviso, y la incredulidad se apoderó de él. Poco a poco, todas las pistas encajaron: no podía quitarse de la cabeza la certeza de que Christina era King.
Pero ella había dejado claro que quería que su secreto permaneciera oculto, así que Dylan guardó silencio sobre sus sospechas. Confiaba en que ella compartiría la verdad cuando estuviera lista.
—Todo listo. El doctor Emmett está de camino al hospital —dijo Christina.
Dylan la atrajo hacia sí y murmuró: «Chrissie, no sé cómo darte las gracias».
No se trataba solo del favor: la esperanza de recuperación de su hermana se debía enteramente a Christina.
—Si estás agradecido, más te vale cocinar más para mí —bromeó Christina, enmarcando su rostro entre sus manos y depositando un suave beso en sus labios.
«De acuerdo. Lo que tú quieras, te lo cocinaré», murmuró Dylan antes de devolverle el beso.
Ambos evitaron hablar de Morse y mantuvieron una conversación ligera, como para protegerse mutuamente de la preocupación. Unos veinte minutos más tarde, llegaron noticias del hospital. La voz de Calvin rebosaba confianza: la operación de Morse transcurriría sin complicaciones y el pronóstico era prometedor.
Un peso se les quitó de encima y el alivio los inundó a ambos.
«¿Deberíamos ir a Malvren?», sugirió Christina, aún inquieta. Su instinto no le permitía relajarse. Estar allí en persona le parecía la opción más segura.
Incluso con una cirugía exitosa, no podía evitar imaginar complicaciones.
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