De Exesposa Humilde a Magnate Brillante - Capítulo 1395
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Capítulo 1395:
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«De acuerdo. No podemos permitirnos ni el más mínimo error durante esta cirugía», respondió Christina, con tono firme y expresión inquebrantable, totalmente preparada para intervenir si la situación lo requería.
Dentro del quirófano, brillantemente iluminado, las manos de Jordy se movían con intensa concentración mientras comenzaba la intervención. Durante un rato, todo salió según lo previsto.
Pero justo cuando llegó al punto de extraer la bala, algo salió mal.
«Esto no está bien, ¡la hemorragia no se detiene! Su ritmo cardíaco…», exclamó alarmado uno de los médicos asistentes.
«¡Déjame a mí!», intervino Christina con brusquedad.
Antes de que nadie pudiera objetar, dio un paso al frente y tomó el control, con movimientos rápidos y seguros.
En ese momento crítico, nadie se molestó en cuestionar su afirmación anterior de ser la asistente de Jordy. Su atención se centró en una sola cosa: salvar una vida.
Solo cuando el estado de Ophelia finalmente se estabilizó, el equipo médico pudo centrar su atención en Christina.
Estaban atónitos y asombrados por ella. Era tan joven, pero sus habilidades médicas brillaban con una experiencia increíble.
Durante la cirugía, habían aprendido innumerables cosas y obtenido enormes beneficios. Si Christina no hubiera dirigido la operación, nunca habrían descubierto una solución tan ingeniosa.
Antes se había menospreciado a sí misma como asistente de Jordy, pero ahora era obvio que había sido demasiado humilde.
En su opinión, las habilidades de Jordy ya eran sólidas, pero las de Christina las superaban con creces, ejecutadas con tal precisión que los dejó sin palabras.
Sin embargo, nadie había oído hablar de ella. En el ámbito médico, alguien de su calibre debería ser muy conocido. Su perfil discreto rayaba en lo extremo.
No solo los demás se quedaban boquiabiertos ante su talento, con los ojos brillantes por el ansia de nuevos conocimientos. Incluso Jordy se quedó allí de pie, atónito.
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Examinaba cada uno de sus movimientos, con una mirada cada vez más respetuosa.
Cuando reflexionaba sobre las muchas funciones de Christina, cada una de ellas perfeccionada hasta la perfección, sentía admiración y, a continuación, tristeza. Debía de haber soportado infinitas dificultades para llegar tan alto.
Su respeto se convirtió en un feroz impulso de protegerla, un voto silencioso de que nunca volvería a sufrir daño alguno.
Maldita sea la familia Lloyd. Una vez que Ophelia se recuperara, los aplastaría por completo, borrando todo rastro.
En la oficina del decano, Dylan aceptó una taza de café que le ofreció el decano, quien lucía una sonrisa servil y hablaba en tono adulador. —Sr. Scott, tome un café, por favor.
—Vaya a inspeccionar qué equipo médico hay que reemplazar y tráigame una lista —ordenó Dylan con frialdad mientras tomaba la taza.
«¡De acuerdo! Lo comprobaré yo mismo ahora mismo, espere un momento», respondió el decano, y salió corriendo.
Sentía como si hubiera encontrado una mina de oro con esta oportunidad única, y esperaba en silencio que la operación de Ophelia tuviera éxito.
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