De Exesposa Humilde a Magnate Brillante - Capítulo 1382
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Capítulo 1382:
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Se oyó un aplauso lento y deliberado, suave y rítmico, pero cada palmada cortaba el silencio como una espada. Darian sintió un nudo de humillación en el estómago. No era un elogio. Era una burla.
Una única luz parpadeó sobre sus cabezas, iluminando el espacio.
Y allí estaba él. No muy lejos, un hombre estaba sentado perezosamente en una silla, con una postura relajada y un aura letal.
Sus rasgos eran increíblemente refinados: pómulos altos, fríos ojos color zafiro y una leve sonrisa burlona. Su piel delataba una herencia mixta, su presencia era de una sofisticación peligrosa.
Darian frunció el ceño, luchando por ocultar el temor que sentía en el pecho. «¿Quién eres?».
El hombre, Terrence, soltó una suave risa, mientras el humo se enroscaba en el cigarro que sostenía entre los dedos. Su voz era suave y rica, pero transmitía la frialdad de la indiferencia.
«Esa», dijo con tranquila diversión, «es una pregunta interesante».
No era la respuesta que Darian quería. —¡No juegues conmigo! —gruñó—. ¡¿Quién demonios eres?!
Terrence no se inmutó. Simplemente exhaló una bocanada de humo, con una expresión indescifrable, la mirada de alguien tan acostumbrado al poder que el concepto del miedo ya no existía para él.
La leve sonrisa volvió a aparecer mientras estudiaba a Darian como si fuera un espécimen bajo un cristal.
Y en ese instante, Darian vio algo terriblemente familiar. Esa fría arrogancia, esa crueldad despreocupada… Era la misma mirada que él había mostrado innumerables veces mientras otros le suplicaban.
La comprensión lo golpeó como el hielo. El pulso de Darian se disparó. El hombre que tenía delante no solo estaba tranquilo, sino que disfrutaba viendo cómo la gente se retorcía.
«¡¿Quién eres?!», gritó Darian, retorciéndose de rabia y desesperación.
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Así que eso era lo que habían sentido sus propias víctimas: la impotencia, el miedo sofocante, el amargo sabor de la humillación.
Terrence finalmente se levantó, y la silla crujió suavemente detrás de él. El cigarro brillaba débilmente en la oscuridad mientras daba un paso lento y deliberado hacia adelante.
Los dos hombres se miraron a los ojos, con la tensión crepitando entre ellos. Terrence lo miró como un depredador, frío e inflexible, irradiando la arrogancia de alguien que tiene todo bajo control.
El sudor frío empapaba la espalda de Darian, empapando su camisa a medida. El pulso le latía con fuerza en los oídos mientras se obligaba a mantenerse erguido, fingiendo estar tranquilo incluso cuando el miedo le arañaba el pecho.
—Soy el heredero del Grupo Lloyd —dijo, con la voz temblorosa a pesar de su esfuerzo por mantenerla firme—. Si me dejas ir, te daré todo lo que quieras. Dinero… buscas dinero, ¿no? ¡Puedo darte la mitad de todo… no, todo el Grupo Lloyd!
Su tono se quebró, desesperado. Las palabras salieron no como una negociación, sino como una súplica.
Estaba dispuesto a renunciar a sus acciones del Grupo Lloyd para seguir con vida.
Porque la fortuna pública de la familia Lloyd era solo una fracción de su verdadero poder. Sus negocios ocultos generaban mucho más que el imperio corporativo.
Para Darian, el Grupo Lloyd no era más que una fachada, un nombre que el mundo admiraba mientras la verdadera riqueza fluía de forma invisible. Incluso si el Grupo Lloyd quebrara, él seguiría pudiendo mantener su lujoso estilo de vida.
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