De Exesposa Humilde a Magnate Brillante - Capítulo 1185
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Capítulo 1185:
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«Lo siento, Brendon…». La voz de Yolanda se quebró al hablar, con los ojos hinchados y enrojecidos, mientras las lágrimas le corrían libremente por las mejillas.
«No necesito disculpas», espetó Brendon, con tono frustrado. «Quiero la verdad».
Sus sollozos se hicieron más intensos, cada palabra arrancada entre respiraciones entrecortadas. «¡Están siendo injustos! Solo me inspiré un poco; nunca copié su diseño directamente».
«Con tantas pruebas delante de tus narices, ¿sigues negándolo?», preguntó Brendon clavándole la mirada, con una expresión de fría decepción.
Antes del Concurso Mundial de Diseño de Moda, había imaginado su triunfo, una victoria deslumbrante. Ahora ese sueño se había convertido en cenizas, dejando solo decepción en su lugar.
Yolanda debería haber estado de pie ante el mundo, envuelta en gloria, sosteniendo el trofeo en alto como orgullo del Grupo Dawson. En cambio, la empresa se quedó con la humillación y grandes pérdidas.
Yolanda levantó la mirada para encontrarse con la de él. —¿Ahora me desprecias?
Brendon no dijo nada, su silencio estaba cargado de confusión.
Sin querer, la imagen de Christina surgió en su mente: su brillantez, su vitalidad, la forma en que su presencia brillaba con un encanto poco común que, de alguna manera, él nunca había notado antes.
Yolanda sintió un nudo en el pecho mientras lo observaba, apretando los dientes y cerrando los puños, con la rabia ardiendo bajo su tembloroso cuerpo.
¿Christina volvía a rondar sus pensamientos?
Sus ojos se oscurecieron, con un brillo venenoso al entrecerrarlos.
No permitiría que esa mujer le robara a Brendon. La fortuna de los Dawson le pertenecía por derecho, y Brendon no se lo quitaría.
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Cuando el coche se detuvo en Bayview Estates, la voz de Brendon sonó fría como el hielo. «Ya puedes salir».
«Brendon… ¿adónde vas?», balbuceó Yolanda, retorciéndose los dedos nerviosamente.
«A mi casa», respondió él con tono seco, con el rostro impasible y el tono definitivo.
Fue como si una navaja le hubiera atravesado el pecho. El dolor era agudo, sofocante, diferente a todo lo que había sentido antes.
En ese momento, comprendió que realmente se había enamorado de Brendon.
El terror de perderlo se apoderó de ella, cada respiración se veía agobiada por el dolor de la angustia.
No podía permitir que se le escapara. Tenía que atar su corazón al suyo y borrar cualquier pensamiento sobre otra mujer.
De repente, tuvo unas náuseas violentas.
Brendon frunció el ceño y su fría compostura se transformó en preocupación.
—¿Qué pasa? ¿Comiste algo en mal estado? —Su voz transmitía una nota inesperada de preocupación.
Nuevas lágrimas nublaron la visión de Yolanda mientras susurraba con voz ronca: «Si ya he destrozado tu confianza, Brendon… quizá el divorcio sea la única solución».
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