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Capítulo 1116:
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—¡Ah! —Yolanda, que se había quedado paralizada por la sorpresa, recuperó de repente el sentido y soltó un grito agudo. Se apresuró a ayudar a Brendon a levantarse, con la voz temblorosa por la preocupación—. ¿Estás bien, Brendon? ¿Te duele mucho?
«Estoy bien». Brendon apretó los dientes, esforzándose por mantener la compostura, aunque sentía como si todos los huesos de su cuerpo se hubieran astillado. Esa maldita Christina… ¡le había golpeado muy fuerte! Para entonces, la figura de Christina ya había desaparecido de su vista.
«Deberíamos ir al hospital, por si acaso tienes algún hueso roto», insistió Yolanda, con tono preocupado.
En ese momento, Brendon recordó de repente que Christina había mencionado la palabra «hospital» durante su llamada telefónica anterior. Al principio, creyó que no se había roto nada y no tenía intención de ir al hospital. Pero la idea de que ella pudiera estar allí le pasó por la mente y, al instante, fingió estar agonizando.
«Deberíamos ir al hospital ahora mismo. Creo que tengo un hueso fracturado», dijo fingiendo sufrimiento.
«De acuerdo». Yolanda le pasó un brazo por debajo del hombro para ayudarle a entrar en el coche, sin saber que su dolor era fingido.
Una vez en el hospital, Christina corrió por el pasillo y entró en la habitación de Dylan. Al entrar, vio una figura alta de espaldas a ella.
«¡Dylan!», gritó con voz urgente.
Aún tensa, se apresuró hacia él, ajena a cualquier cosa inusual.
«¿Dónde te duele?». Sus ojos lo recorrieron con preocupación, sin darse cuenta de que Dylan ya había vuelto a su antiguo comportamiento.
«Estoy bien». Él extendió la mano y le tomó la mano con delicadeza, con tono tierno. «Chrissie, has soportado mucho estos días».
Christina se tensó y levantó lentamente la mirada para encontrarse con la de él. Su actitud era muy similar a la de antes, pero la inocencia de los últimos días había desaparecido. Sus ojos ya no tenían la claridad infantil de antes.
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—¿Te… te has recuperado? —preguntó ella vacilante.
«Sí», respondió Dylan, sujetándole la mano con fuerza, sin querer dejarla escapar.
Tras un breve silencio, Christina preguntó: «¿Lo recuerdas todo?».
—Sí, lo recuerdo todo. Has trabajado muy duro, cuidándome y gestionando mi empresa —dijo Dylan, con los ojos fijos en ella. Quería grabar su imagen profundamente en su memoria.
Mientras los momentos que habían pasado juntos esos días se repetían en su mente, las mejillas de Christina se sonrojaron. El calor de su mano la hizo sentir nerviosa. Su corazón latía con fuerza, como si fuera a salirse del pecho.
Casi instintivamente, intentó retirar la mano, pero Dylan se negó a soltarla.
—Llamaré al médico para que te examine —dijo Christina. Era solo una excusa. Se sentía avergonzada y quería escapar de la mirada de Dylan, aunque solo fuera por un momento.
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