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Capítulo 16:
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Con una expresión de tristeza en el rostro, Jamole respondió: «Por favor, Susan, mantén el ánimo y observa cómo llevo a Swan Real Estate hacia el futuro. No solo te haré más rica a ti y a tu padre, sino que consolidaré Swan Group en el transcurso del tiempo».
Pero nada podía detenerla. Susan nunca se echaba atrás ante un problema, por muy humillante que fuera, y mucho menos ante uno tan importante como este.
«Jamole, ¿te das cuenta de que soy Susan Pablo, hija de Swan Pablo, el magnate más rico de Antipolo? ¿Qué pensará el personal si se entera de que mi marido es el conserje de la empresa? ¿Estás loco?».
Jamole se agachó a su altura y dijo: «Estoy bien. Sé lo que hago». Nada en este mundo alteraría sus planes. Disfrazarse era una de sus principales estrategias para contraatacar. Solo deseaba que Susan lo entendiera y dejara de molestarle.
«¡Ya tenemos conserjes!», espetó Susan.
«¡No necesitamos otro!». Puso los ojos en blanco, frustrada.
«Déjame ser uno de los conserjes. Quiero controlar Swan Real Estate como el empleado de menor rango. Por favor, nadie debe saber que soy el heredero, y nuestro matrimonio se mantendrá en secreto», insistió Jamole.
Ella lo interrumpió bruscamente.
«¿En secreto? ¿Por qué en secreto? ¿Qué estás tramando, Jamole? Ahora estás empezando a asustarme, y estoy enfadada…».
El crujido de una puerta interrumpió su conversación. Uno de los guardias de seguridad entró con una nota en la mano, que le entregó a Susan con una reverencia.
Susan leyó rápidamente la nota y se la mostró a Jamole.
—Como si mi padre supiera de qué me quejaba. Quiere saber nuestros planes de boda.
Jamole levantó una ceja y miró la nota.
«No», dijo con firmeza, «voy a suplicarle a mi suegro. No podemos celebrar una boda ruidosa. Quiero que nuestra boda sea discreta, sencilla y tranquila, sin invitados. Nadie debe saber que soy tu marido».
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«¿Me estás tomando el pelo?», se enfureció Susan.
«¿No estás orgulloso de mí? ¿Por qué quieres mantener nuestro matrimonio en secreto?».
Jamole le tomó las manos mientras le explicaba, pero ella se apartó, bajando la mirada con dolor. Jamole podía ver las manchas en su barbilla y la vena que le latía en la frente.
«Perdona por cualquier angustia emocional que te haya causado mi decisión, querida». Se levantó de nuevo y se miró en el espejo.
«Pero verás, soy un hombre con el corazón roto. Lo que ves es solo una parte de mí. Hasta que haga pagar a mis rivales, mi furia nunca descansará».
«¿Rivales?», replicó Susan, con mirada pensativa.
«¿De qué rivales estás hablando? ¿Y esto tiene algo que ver con los negocios de mi padre?», preguntó.
Jamole dudó; nunca tuvo la intención de darle la espalda, pero las cálidas lágrimas ya le resbalaban por el rostro mientras su mente se remontaba al infierno que había soportado en su matrimonio.
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