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Capítulo 87:
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A Lila se le escapó una risa amarga. «Oh, claro. Y si lo hago, quizá acabes con mi familia. Eres intocable en esta ciudad, ¿verdad? ¿Quién se atrevería siquiera a plantarte cara, señor Nash?».
Ninguno de los dos tocó la comida. Cuando se marcharon, los platos seguían intactos, desprendiendo aún un ligero vapor en el aire frío.
Julian había calado las verdaderas intenciones de Lila. No solo estaba defendiendo a Katherine: se trataba de una jugada calculada para arrastrarlo a su disputa con Louisa.
Aunque no ponía en duda su versión de los hechos, no iba a actuar sin pruebas contundentes.
Tras salir del restaurante, se subió al coche e inmediatamente hizo que detuvieran al empleado sobornado.
El hombre se mantuvo callado. Había pasado una semana sin incidentes. ¿Por qué iba a confesar ahora?
Julian no tenía ningún interés en recurrir a métodos intensos para sacarle información a un peón sin valor. En su lugar, encendió un cigarrillo, bajó la ventanilla y llamó tranquilamente a Louisa.
Su voz sonó alegre y desenfadada. —¿Julian? ¿Qué pasa? Llamándome tan tarde… ¿necesitas algo?
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El humo se arremolinaba entre sus labios mientras hablaba, con voz monótona. «La fiesta de la semana pasada… Se lo pasé a la policía. Me han respondido hoy. Me han enviado las imágenes de las cámaras de vigilancia del salón».
Se produjo un momento de silencio antes de que el tono de Louisa volviera a su calma habitual. «Julian, ¿no te dije que no te guardaría rencor? Sé quién es Katherine, aunque los demás no lo sepan. Ya he decidido no causarte problemas por esto».
La respuesta de Julian fue sutilmente indirecta. «¿Debería enviar las imágenes a tu familia? ¿Dejar que tus padres y tu hermano les echen un vistazo?».
Louisa se quedó paralizada. El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier negación.
En ese instante, Julian supo todo lo que necesitaba saber. Una sombra cruzó su rostro, desmoronándose el último hilo de su autocontrol. La tensión que había estado reprimiendo toda la semana se desbordó.
«Julian…», la voz de Louisa se quebró, apresurándose a salvar la situación. «Ni siquiera sé de qué estás hablando».
Su respuesta sonó como una bofetada. «Entonces acude a la policía. Estarán encantados de explicártelo».
Se le cortó la respiración en medio de la protesta. ¿La policía? ¿A qué demonios se refería? ¿Significaba eso que… ya lo había entregado?
Las preguntas anteriores de Julian habían puesto a Louisa sobre la pista: él ya lo sabía. Aun así, se aferró a la esperanza de que lo dejara pasar. La lesión de Katherine, al fin y al cabo, no ponía en peligro su vida. ¿De verdad iría tan lejos? Sin embargo, algo en su voz la inquietaba. No conseguía descifrarlo.
—Julian… —Lo intentó de nuevo, con voz vacilante.
La conexión se cortó sin previo aviso.
Louisa se quedó paralizada, desconcertada por la reacción de Julian. ¿Por qué estaba exagerando tanto las cosas?
¿Y qué si se había pasado un poco de la raya? No es que hubiera muerto nadie. No era nada grave, solo un rasguño.
Pero media hora más tarde, unas luces rojas y azules parpadearon al detenerse fuera.
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