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Capítulo 68:
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Mientras Katherine se alejaba, los ojos de Louisa la siguieron, y la sensación de familiaridad no hizo más que crecer, acompañada de una inquietud persistente. ¿Quién era exactamente esa mujer?
Se volvió hacia Lila y preguntó: «No me resulta familiar, señorita Grant. ¿Es alguien nuevo en el mundo del piano?».
Con cuidado de no revelar demasiado, Lila recordó la petición de Katherine de mantenerse alejada de los focos. «Me la recomendó un amigo. Solo está aquí para tocar una pieza. Eso es todo lo que sé».
Pero Louisa percibió la vacilación. Esa respuesta no hizo más que aumentar sus sospechas. ¿Solo una pianista? Y, sin embargo, ¿Lila la trataba como a alguien mucho más importante?
Lo que comenzó como curiosidad se convirtió rápidamente en determinación. «Me preguntaba si podría pedirle un pequeño favor, señorita Grant. ¿Estaría dispuesta a escucharlo?», preguntó Louisa.
—¿Y de qué se trata? —respondió Lila.
—Hoy es mi cumpleaños, pero Julian ha estado enterrado en su trabajo todo el día. Me preguntaba… una vez que termine su banquete, ¿podría tomar prestada a su pianista solo por un momento? Pensé que una canción podría ayudarle a relajarse un poco.
Lila no respondió de inmediato. Su expresión se tensó, atrapada en un momento de conflicto interno. Si la petición hubiera sido solo para Louisa, quizá la habría rechazado de plano. Pero con Julian presente —y su reputación acechando—, no era una decisión sencilla.
Tras tomarse un momento para pensar, respondió con cautela: «Tendré que preguntarle primero a la pianista. Al fin y al cabo, debería ser decisión suya».
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La sonrisa de Louisa se hizo más amplia. «Se lo agradezco, señorita Grant».
Una última mirada en la dirección en la que se había ido Katherine intensificó la inquietud que se agitaba en el interior de Louisa. Se le ocurrió una idea y, sin apenas moverse, Louisa sacó el teléfono de su bolso de mano y comenzó a escribir, con los ojos fijos en la pantalla.
Dentro del baño, Katherine estaba sola frente al lavabo, con los dedos bajo el agua corriente que ya se había enfriado. Se quedó mirando a la mujer del espejo, y sus ojos parecían sin vida.
El miedo escénico nunca había sido lo suyo. Normalmente, el piano la tranquilizaba. Hoy era diferente. Julian aparecería… y Louisa estaría con él, sin duda envuelta en elegancia y un orgullo silencioso.
Katherine no dejaba de repetirse a sí misma que había pasado página. Pero los sentimientos que duraron años no desaparecían solo porque ella lo dijera. Verlos hacer alarde de su cercanía delante de ella era más de lo que podía fingir ignorar.
La vida tenía un sentido del humor cruel.
Respiró hondo y se armó de valor. Esto no tenía que ver con el pasado. Era solo una canción. Solo unos minutos. Solo tenía que tocarla, coger el dinero y desaparecer.
Con la determinación reforzada, volvió al pasillo.
—Katherine —la llamó alguien en voz baja desde atrás.
Instintivamente se giró y vio a Louisa.
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